Economía

El déficit, un debate que no fue

Actualizado el 03 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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El déficit, un debate que no fue

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Robert Samuelson, periodista.
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Robert Samuelson, periodista.

Bueno, esa sí es una tremenda mentira presidencial. Obama está en lo correcto cuando dice que el papel del gobierno federal se merece un importante debate, pero no es cierto que lo hayamos tenido. Justamente lo opuesto: la Casa Blanca y el Congreso han pasado los últimos cinco años evadiendo ese debate.

Han discutido acerca del déficit presupuestario federal sin encarar los temas subyacentes de las funciones del gobierno, qué programas no se necesitan, si algunos beneficiarios no merecen el beneficio, y cómo elevar los impuestos para cubrir la inevitable brecha entre lo que gasta el gobierno y los ingresos existentes.

La evasión del tema se produce en ambos partidos. Los republicanos del Congreso han sido tan alérgicos a un debate genuino como la Casa Blanca y sus aliados demócratas del Congreso. El motivo no es un secreto. La aritmética de balancear el presupuesto es políticamente venenosa. Incluso para el período de una década, balancear el presupuesto requeriría recortes impopulares de gastos y aumentos impopulares de impuestos.

Los republicanos no pueden balancear el presupuesto solo mediante la reducción de gastos. La eliminación de muchos programas que son discutiblemente marginales –Amtrak, subsidios a la radiotelevisión pública y otros parecidos– no produciría suficientes ahorros para balancear el presupuesto. El motivo es que los gastos del Seguro Social, de Medicare y de otros programas de salud aumentarán un 21%, como porción de la economía, para el 2023, según proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso. Ese fenómeno es mayormente el reflejo de la jubilación de los baby boomers . Pero incluso algunos recortes plausibles de beneficios para jubilados prósperos no eliminarían el déficit. Habría aún necesidad de elevar los impuestos.

En forma similar, los demócratas no pueden balancear el presupuesto sólo mediante aumentos fiscales –por lo menos, solo con impuestos para los ricos. Para el 2023, los planes presupuestarios existentes ya incluyen recortes de gastos que se aproximan a un 40% en Defensa y en programas “discrecionales” de no-Defensa (todo, desde Head Start hasta las regulaciones del medio ambiente).

A pesar de esos recortes –también como porción de la economía– la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que balancear el presupuesto en el 2023 requeriría un aumento fiscal aproximadamente del 25% del nivel fiscal promedio 1973-2012.

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La eliminación de algunos recortes internos y de Defensa reforzaría el aumento fiscal necesario. Expandir los beneficios del Seguro Social (como proponen algunos liberales) lograría lo mismo.

Balancear el presupuesto es un trabajo político difícil, porque requiere que ambos partidos se retiren de sus afianzadas posturas políticas. Los republicanos deberían conceder la necesidad de incrementos fiscales importantes; los demócratas, la necesidad de importantes recortes de gastos, entre ellos los del Seguro Social y Medicare. Lo que necesitamos desesperadamente –y no tenemos– es una reevaluación generacional del papel del gobierno.

En lugar de eso, la Casa Blanca y los líderes del Congreso han adoptado varios subterfugios. El objetivo no es balancear el presupuesto sino mantener la deuda gubernamental en niveles “sostenibles” –un concepto intelectualmente impreciso, que es casi imposible de explicar a los no expertos–.

En lugar de tomar decisiones explícitas sobre programas y beneficiarios que merecen o no conservarse, el Congreso adopta recortes generales (es decir, pone en práctica el “secuestro”) que agrupan mucho programas juntos.

El resultado es la confusión de la población. La idea es dar la impresión de que mucho está ocurriendo, aunque casi nadie (fuera, nuevamente, de los expertos en presupuesto) puede decir qué es y a quién le afecta. No se formulan ni responden preguntas básicas. La prueba es la propuesta de ley agrícola, que avanza para su aprobación en el Congreso. Ya no necesitamos pagar a los agricultores miles de millones de dólares por cultivar maíz, trigo u otros productos que de todas maneras cultivarían, pero eso es lo que están haciendo. Lo estamos haciendo porque los agricultores esperan los subsidios y los comités del Congreso derivan su poder de proporcionarlos.

La evasión del debate alimenta un gobierno mediocre. Los recortes de gastos automáticos del secuestro, incluso tal como se modificaron el año pasado, poco a poco están vaciando las fuerzas armadas y desplazando otros programas internos.

Mientras tanto, al convertir en intocables a muchos de los programas de los jubilados se está protegiendo a muchos jubilados en estupenda posición económica. Debemos debatir esas decisiones abiertamente.

En la práctica, el debate ha sido un encubrimiento.

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Robert Samuelson inició su carrera como periodista de negocios en The Washington Post, en 1969. Además, fue reportero y columnista de prestigiosas revistas como Newsweek y National Journal.

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