Economía

Paul Krugman: Ampliación de la Seguridad Social

Actualizado el 25 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Paul Krugman: Ampliación de la Seguridad Social

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John y Carol Green, una pareja de Wisconsin, se encuentran retirados por el régimen 401 (k), donde el patrono pone dinero en una cuenta exenta de impuestos que se espera llegue a tener una cantidad tan grande como para pensionarse. Hoy, este sistema de pensiones está cuestionado. | ANDY MANIS/NYT
Paul Krugman, economista.
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Paul Krugman, economista.

Durante muchos años, ha existido una abrumadora regla para la gente que quería ser tomada en serio en Washington. Se trataba de lo siguiente: usted tiene que declarar disposición para recortar la Seguridad Social en el nombre de una “reforma a los subsidios”. No se trataba realmente de cifras, que nunca sustentaron la idea de que la Seguridad Social enfrentaba una aguda crisis. Más bien tenía que ver con una especie de declaración de identidad, una forma de mostrar que uno era integrante de la clase dirigente, dispuesto a causar dolor (a otras personas, como es costumbre) en nombre de la responsabilidad fiscal.

Sin embargo, algo extraño ha sucedido durante el último año. De repente, estamos presenciado una discusión abierta de la idea de que la Seguridad Social se debe ampliar, no recortar. Las conversaciones sobre la ampliación de la Seguridad Social han llegado incluso al Senado, donde Tom Harkin propuso legislación que aumentaría los beneficios. Hace unos días, la senadora Elizabeth Warren dio un emotivo discurso en el que argumentó en favor de ampliar los beneficios.

¿De dónde viene esto? Una respuesta es que los regañones fiscales que impulsan la ortodoxia en cuanto a recortar la Seguridad Social –merecidamente– han perdido credibilidad en los últimos años. (¿Dar al ridículo Paul Ryan un premio por responsabilidad fiscal? ¿Y dónde está la crisis por la deuda?). Aparte de eso, el sistema general de pensiones de los Estados Unidos tiene serios problemas. Solo una parte de ese sistema está funcionando bien: la Seguridad Social. Y eso sugiere que debemos fortalecer ese programa, no debilitarlo.

Los que viven más. Antes de llegar a ese punto, sin embargo, permítanme encarar brevemente dos malas argumentaciones para recortar la Seguridad Social de las que mucho se habla.

Una es que debemos elevar la edad de jubilación –en la actualidad está en 66 años y está programada para subir a 67– porque la gente está viviendo más tiempo. Esto parece plausible hasta que uno ve con exactitud quiénes están viviendo más tiempo. Resulta que el aumento en la esperanza de vida es un cuento que abrumadoramente contempla a los estadounidenses acaudalados y bien educados. Las personas de bajos ingresos y menor educación, en el mejor de los casos, difícilmente han visto algún aumento en la expectativa de vida a los 65 años; de hecho, las personas con menor educación han visto una disminución en su expectativa de vida.

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Por lo tanto, esta argumentación equivale, en efecto, a la idea de que no podemos permitir que los conserjes se jubilen porque los abogados están viviendo más años. Y los estadounidenses con ingresos más bajos, en el caso que no lo haya notado, son las personas que necesitan más la Seguridad Social.

El otro argumento es que a los ciudadanos mayores les va bien. Claro, la tasa de pobreza alcanza a solamente el 9%.

Aquí tenemos dos grandes problemas. Primero, hay fallas bien conocidas en la medición oficial de la pobreza, y estas fallas es casi seguro que conduzcan a una seria subestimación de la pobreza entre los ancianos. En un intento por dar una imagen más realista, la Oficina de Censos ahora provee con regularidad una medida suplementaria –que la mayoría de los expertos considera superior– y que ubica la pobreza entre los adultos mayores en 14,8%, muy cerca de la tasa para adultos más jóvenes.

Aún más, la tasa de pobreza de los ancianos está altamente propensa a aumentar de manera marcada en el futuro, conforme el fracaso en el sistema de pensiones privadas de los Estados Unidos cobre víctimas.

Cuando uno mira hoy a los estadounidenses de más edad, en gran parte está viendo el legado de una economía que ya no existe. Muchos trabajadores solían tener planes de jubilación con beneficios definidos, planes en los que sus patronos garantizaban un ingreso estable después de la jubilación. Y un buen número de adultos mayores (como mi padre, quien falleció hace unos meses) todavía reciben los beneficios de tales planes.

Hoy, sin embargo, los trabajadores que del todo tienen cualquier plan de jubilación tienen sistemas bien definidos de aportes –básicamente los que se conocen como 401(k)–, en los que los patronos ponen dinero en una cuenta exenta de impuestos que supuestamente va a llegar a tener una cantidad tan grande como para pensionarse sustentándose en ella. El problema es que en este punto está claro que el cambio a las 401(k) fue un gigantesco fracaso. Los patronos se aprovecharon del cambio para, de manera subrepticia, recortar los beneficios; los réditos por las inversiones han sido mucho más bajos de lo que se dijo a los trabajadores que podían esperar; y, para ser justos, muchas personas no han manejado el dinero con sabiduría.

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Como resultado, vemos que en el horizonte se cierne una crisis de jubilación, cuando decenas de millones de estadounidenses encararán una disminución aguda en los estándares de vida al final de sus días laborales.

Para muchos, lo único que los protegerá de la miseria extrema será la Seguridad Social. ¿No lo hace sentirse feliz que no privatizáramos el programa?

Así las cosas, hay un sólido argumento para ampliar la Seguridad Social, no para contraerla. Sí, esto costaría dinero, y requeriría impuestos adicionales, sugerencia que horrorizará a los regañones fiscales, quienes han estado insistiendo en que, si del todo elevamos los impuestos, la recaudación tiene que ser para reducir el déficit, no para mejorar nuestras vidas. Pero los regañones del déficit se han equivocado en todo, y es hora de que empiecen a pensar fuera de su encierro.

Vista de manera realista, la ampliación de la Seguridad Social no va a tener lugar en un futuro próximo; pero es una idea que merece estar sobre el tapete y es una muy buena señal que así sea.

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía (2008).

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