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Alvaro Cedeño: Esas pequeñas victorias que construyen la felicidad

Actualizado el 26 de febrero de 2015 a las 02:29 pm

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Alvaro Cedeño: Esas pequeñas victorias que construyen la felicidad

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Hay grandes victorias, victorias pírricas, pequeñas victorias y victorias ocultas.

Las pírricas son aquellas relacionadas con el Rey Pirro y que merecen el comentario de que con otra victoria así, y estaríamos totalmente derrotados. Son las victorias de altísimo costo y bajo beneficio.

Las victorias grandes son las que soñamos cuando éramos chicos: desempatar un partido en el campeonato mundial, o repetir las hazañas de Audy Murphy, el soldado más condecorado de la Segunda Guerra Mundial.

Alguien –era en una novela– descubre que la monja aquella que lidiaba con firmeza con los muchachos cuya educación estaba a su cargo, tomaba pastillas para la ansiedad. Y lo resalta: tanta presencia de ánimo y tenía que recurrir a los fármacos. Y su interlocutor reflexiona: ¡Por qué subrayar las derrotas visibles cuando debe haber tenido muchas victorias ocultas!

¿Por qué sacrificas tanto para cuidar a tu padre? –ahora, era una película–. Porque durante 30 años fue todos los días a la fábrica al amanecer para sostener a esta familia.

Unos viven una vida con una que otra hazaña. El resto vivimos una vida de pequeñas victorias.

Hay que ir al colegio mil días. Y a la escuela otros tantos. Si no lo hacemos, es muy grande la pérdida.

Y ver el diccionario cientos de veces para honrar la lengua con una escritura y un léxico decorosos. Y decir que sí a cientos de retos para aprender, desarrollar alguna destreza, ir un paso adelante.

Y tragar grueso y recomponerse en múltiples circunstancias en que sentimos que mejor no seguir adelante. Y aceptar las cadaunadas de todos los que no rodean, porque hemos ido aprendiendo que cada uno es cada uno y no hay manera de uniformarlos y que esa diversidad aporta color y vitalidad a la interacción.

No se gestiona la felicidad a grandes saltos. Parece más bien que se la va construyendo gradualmente, con muchos intentos, con esfuerzos simples, sin música marcial, al ritmo de cada uno, con pequeñas victorias que ni siquiera son dignas del diario privado, pero que al final van dejando escrita la historia que llevamos escrita.

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