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¿Por qué hay que balancear la educación por competencias?

Actualizado el 21 de febrero de 2016 a las 12:04 am

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¿Por qué hay que balancear la educación por competencias?

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La OCDE recomienda al país una educación conducente a competencias. Pensemos antes de aplaudir.

Es necesario formar a unos que cultiven la ciencia. A otros que produzcan reflexión sobre temas sociales. Y generar competencias laborales.

Pero debemos transmitir ética, actitudes y destrezas para el cultivo de los rasgos que les han dado sostenibilidad a la civilización y a nuestra cultura. Eso no se puede enseñar como se enseña geometría. Y creer que se lo logra enseñando humanidades, es erróneo. Una entidad no puede abandonar ese encargo de la sociedad y querer a la vez ser considerada una universidad.

La educación en general –la universitaria en particular– no puede lograr todo para todos. Deben elegir cuánto dedica a civilizar y cuánto a dotar de competencias. Eso, a sabiendas de que no somos capaces de decir cuánto del aprendizaje de la historia por ejemplo, puede enriquecer la capacidad de convivencia de alguien en el trabajo, ni cuánto de los esfuerzos dedicados a un curso de filosofía, pueden mejorar la capacidad para tomar decisiones.

Una persona culta, aunque no conozca el ABC de las altas finanzas, puede contribuir a la eficaz conducción de un banco. Los créditos universitarios de calidad, en cualquier disciplina, facultan para el buen juicio, para la sindéresis. Dice Drucker que la educación de los administradores de las colonias del Imperio británico, era en humanidades.

No necesariamente, las universidades que decidan profundizar en el desarrollo de competencias, lo harán a cambio de reducir su esfuerzo civilizatorio. Eso solo ocurriría si estuvieran en la frontera de su eficiencia. Si no lo están, podrían producir más de las dos cosas. ¿Cuántas lo están? Y no olvidemos que muchas de las llamadas competencias blandas – comunicación eficaz, pensamiento crítico, resolución de problemas, gestión de acuerdos– facultan para la mejor vida en familia y en comunidad.

Para hacer más complejo el problema, tengamos en cuenta que la educación que se imparte en las empresas –los profesionales, terminan de formarse en el trabajo– no solo conduce a competencias laborales, sino que ahí también se puede transmitir la cultura y civilizar.

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