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Álvaro Cedeño: Señalar un piso

Actualizado el 12 de diciembre de 2016 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño: Señalar un piso

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Cuántas veces hemos puesto fin a una situación molesta, perjudicial o peligrosa y nos hemos quedado diciéndonos que debimos haberlo hecho mucho antes. Tenemos unos umbrales de sensibilidad que nos llevan a ir aguantando situaciones, las cuales se van agravando poco a poco y, por tanto, nos vamos acostumbrando a ellas o no encontramos el momento para decir hasta aquí.

El termostato es un buen ejemplo de dispositivo que tiene claro dónde está el punto a partir del cual hay que tomar acciones. En el momento en que la temperatura llega al mínimo prefijado, se activa el proceso de calefacción. Hay inversionistas que agonizan sobre el valor de las acciones cuando desciende. Otros tienen la regla de que la acción que pierda un cierto porcentaje de su valor, debe ser vendida. Señalamos aspiraciones de mejoramiento en educación, en salud. Son metas positivas. Pero no tenemos tan claro que haya que señalar piso a las tendencias de deterioro. Vemos cómo se va enturbiando una relación -laboral, sentimental, de negocios- hasta que llegamos al punto de quiebre y recordamos que es la última paja de carga la que abate al caballo, o la última gota la que hace derramar el vaso.

Hay problemas que avanzan a pasos infinitesimales. Por ello, no los percibimos hasta que se transforman en crisis. Así, el deterioro ambiental, urbanístico, los problemas de tránsito, de seguridad social, el deterioro educativo, los problemas fiscales. Durante la Guerra Fría se había acuñado la analogía del salami: la potencia adversaria podría irse tomando delgadas rebanadas de salami, las cuales por delgadas, no merecían la reacción firme. Hasta que te quedabas sin salami.

Un paso más y disparo, vemos en el cine. Pero en la vida habitual nos cuesta fijar límites. Primero es la broma cordial, luego, la ironía, luego el sarcasmo y, finalmente, el irrespeto generalizado. Conviene fijar los límites en tiempos de paz, en una analogía con el dicho de que los buenos linderos hacen buenos vecinos. Y en unos cuantos temas de nuestro transcurrir, convendría señalar los puntos en los cuales habrá de dispararse las alarmas, automáticamente, sin más duda, sin más discusión.

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