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Crónica de los mercados: Reciclar en la turbulencia

Actualizado el 27 de agosto de 2016 a las 12:00 am

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Crónica de los mercados: Reciclar en la turbulencia

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Uber se pasea por la banca
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Uber se pasea por la banca

El cierre de los centros de acopio de material para reciclar que funcionan en seis de las tiendas Walmart en Costa Rica, anunciado para este 30 de agosto, es una pésima noticia, tanto por sus implicaciones medioambientales como por la realidad de mercado que desnuda.

Los bajos precios del petróleo, que se traducen en menos colones por galón de combustible y una inflación en mínimos históricos, están causando un fuerte perjuicio en la industria del reciclaje. Por ejemplo, el costo del plástico, un derivado del petróleo refinado, se abarató en los últimos meses, de manera que la diferencia entre pagar por resina virgen o reutilizada es cada vez menor y eso golpea los ingresos de las empresas recicladoras.

Waste Management, principal recicladora de Estados Unidos, tuvo que disminuir la cantidad de plantas en ese país, de 130 a 100, y recortar 900 empleos. Según The New York Times (12 de febrero 2016), la empresa obtenía hasta $230 por paca de plástico delgado transparente y ahora esa cifra cayó a $112.

Reciclar   en la         turbulencia
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Reciclar en la turbulencia

La decisión de Walmart es un indicio de que esos vientos adversos también están soplando en Costa Rica. La cadena minorista fundamenta el cierre de sus centros de acopio en el aumento significativo de residuos (basura no reutilizable), la sustracción de desechos reciclables, pero además, en la queja de los recolectores por el bajo precio que se paga por el material.

Este programa de recolección surgió a finales del 2010 y desde entonces mostró un crecimiento vertiginoso, así que, en principio, podría decirse que el plan fue víctima de su propio éxito. La cadena de supermercados reportó que en el 2014 recibieron 401.701 kilogramos de materiales y, para el 2015, la cantidad subió a 643.160 kilogramos, según datos consignados en La Prensa Libre, es decir, un 60% más.

La buena acogida de la iniciativa era evidente a simple vista cuando uno llegaba a depositar los materiales, pero también lo era el inminente problema: el ingreso de desechos era copioso y en muchas ocasiones las personas entregaban los residuos mal clasificados y mezclados con basura.

Como iniciativa de responsabilidad social, el enfoque del plan era muy atinado pues parte de los desechos que llegaban a los centros de acopio quizás salieron como mercancía de alguna tienda Walmart, es decir, había una externalidad ambiental negativa bien compensada por esta empresa.

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Sin embargo, más allá de la cantidad de residuos, el riesgo de plagas y los robos, el factor crítico que azota a la industria está en los bajos precios de los residuos y esto pone en aprietos a hogares, empresas de acopio y gobiernos locales, que deberán lidiar con el creciente número de ciudadanos dispuestos a clasificar sus desechos.

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Esteban Ramírez C.

eramirez@nacion.com

Editor de Economía

Editor de Economía. Egresado de la Licenciatura en Periodismo de la UCR. Máster en Gerencia de Proyectos con énfasis en Proyectos de Negocios del Instituto Tecnológico de Costa Rica. 

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