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Álvaro Cedeño: Resolver problemas

Actualizado el 09 de febrero de 2015 a las 09:50 am

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Álvaro Cedeño: Resolver problemas

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¿Cuánto son dos más dos? He aquí un no-problema. Pero cuando se tienen que transportar cuatro y solo caben tres, a cuál posponer, ya es un problema.

Existen métodos para resolver problemas. “Tin-marín” es una forma de escoger a quién posponer. Pero señalar unos criterios para hacerlo, es un método superior.

Puestos ante un problema de dos soluciones posibles, escudo o corona es un método válido de solución; aunque, desde luego, no el mejor.

Además de métodos, creo que existen buenas prácticas. Una buena práctica es escribir el problema, aclarar muy bien de qué trata, cuál es el asunto, cuál es la cuestión.

Eso de rumiar un problema en los entresijos del cerebro, requiere para su eficacia de unas condiciones intelectuales especiales. Los demás, hacemos bien en escribir el asunto, anotar los hechos que lo caracterizan, lo que querríamos y las posibles soluciones.

Pero cuando escribimos nada resalta; todo es igual. Es igual la primera línea de esta nota, que la décima, y entonces no nos ayuda para resaltar u ordenar. Cuando hablamos, gesticulamos y enfatizamos. Eso se pierde en el lenguaje escrito.

Otra buena práctica es lo que en el colegio llamábamos esquemas.

En ellos, con figuras, íconos, líneas y flechas, podemos establecer y resaltar relaciones, áreas de posibilidad, áreas de oscuridad, dudas.

El pensamiento queda puesto ahí, invitando a todos a agregar o suprimir cosas. Todo eso lo podemos hacer en varias dimensiones superpuestas si utilizamos formas de sobreescribir. Esa es la ventaja que los colores les agregan a los esquemas.

Lo que no tiene pase es lo que veo ocurrir con alta frecuencia en juntas directivas y reuniones de trabajo: que la pizarra blanca permanece blanca, mientras los tomadores de decisiones dan vueltas y vueltas en torno al problema, como vuelan las golondrinas, sin posarse, sin acentuar, sin entresacar lo que pueda servir para la solución.

Para muchos asuntos un lápiz y un papel superan al iPad y una pizarra y un plumón a un Power Point que muestra un mapa conceptual.

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