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Álvaro Cedeño: Contacto con la realidad

Actualizado el 02 de marzo de 2015 a las 09:23 am

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Álvaro Cedeño: Contacto con la realidad

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En la película Una mente brillante hay una escena llamativa: el Dr. John Forbes Nash, quien alucinaba debido a su dolencia de esquizofrenia, recibe en un pasillo la noticia de que le ha sido otorgado el Premio Nobel en Economía.

Lo primero que piensa el Dr. Nash es que está alucinando y entonces utiliza lo que parece ser su instrumento de verificación y pregunta a quien lo acompaña: ¿Usted vio a ese hombre? Supongo que la respuesta afirmativa reduce su duda.

La mayor parte de nosotros no alucinamos, pero tampoco podemos afirmar que vivimos en contacto puro y confiable con la realidad.

¿Cuáles “ruidos” contaminan nuestro contacto con la realidad? Los temores, las fantasías, las dudas que nos llevan a preguntarnos: ¿qué habrá querido decir?

El pensamiento optimista, con el cual fabricamos cadenas de suposiciones que nos conducen al éxito mientras las pensamos, pero que se rompen en el segundo eslabón, según las vamos ejecutando.

La creencia de que es posible predecir el futuro. Como ahora hay demanda por informáticos, imagínese dentro de cinco años, cuando vaya terminando la universidad.

Imaginamos, privilegiando algunas dimensiones: como soy tan bueno en las matemáticas, voy a estudiar Ingeniería Civil.

¿Y qué hay de la actitud ante los problemas? ¿Y la inclinación a producir resultados? ¿Y el manejo del estrés para que el proyecto se ajuste al tiempo y al presupuesto?

Voces externas. También perturban nuestra percepción de la realidad creernos los elogios exagerados que resaltan nuestras fortalezas o minusvaloran nuestras debilidades, con lo que nos podrían motivar a acometer emprendimientos que podrían estar más allá de nuestras capacidades reales.

O las críticas malintencionadas, que más que dar información lo que pretenden es herir. Esas, al contrario, podrían disuadirnos de intentar empeños que están al alcance de nuestros talentos innegables.

Conócete a ti mismo. El encargo es claro, sabio y antiguo. La tarea, para toda la vida. Pero ahí no termina la cosa. Es necesario conocer la realidad que nos rodea, partiendo de la dificultad de que, como en El mito de la caverna (de Platón), con frecuencia no vemos cosas, sino sombras de cosas.

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