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Álvaro Cedeño: Adversidad y crecimiento

Actualizado el 01 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño: Adversidad y crecimiento

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Interactuar con otros, con profundidad, con aceptación, poniéndonos en sus zapatos, comprendiendo y no intentando cambiarlos, nos mejora. A eso llamamos dialogar. Dialogar nos modifica. ¿Ocurrirá lo mismo cuando dialogamos con las circunstancias? ¿Se puede dialogar con las circunstancias? ¿Cómo se dialoga con ellas?

Imaginemos uno de los eventos más estresantes de la vida moderna: perder el empleo.

Si se pierde el empleo, se podría sentir que nos hicieron una injusticia. Eso sería no tener aceptación, lo cual frustra el diálogo. O podríamos negar la magnitud de las consecuencias, lo cual sería otra forma de frustrar el diálogo con la realidad de la situación. O podríamos apostar a que un ayudante mágico nos resolverá la situación.

¿Cómo se dialoga eficazmente con la situación? Primero con realismo. Esto es, con apego a los hechos. Con objetividad ante las consecuencias posibles. Sin fantasías. Sin whishful thinking . Con aceptación. Sin negación. Sin recurrir a anestésicos como el de por sí estaban verdes… Sin la pregunta narcisista de por qué a mí. ¿Tengo acaso un fuero especial?

Después del golpe, quedamos fuera de control. Reganarlo es hacer una lista de los recursos que puedo comprometer en la lucha: rasgos personales, experiencia, amistades, ahorros. Y luego formular una iniciativa en la dirección de resolver el problema.

La ruptura con la pareja, el temido cáncer, la enfermedad del hijo o la baraja de nuestras propias limitaciones, son retos ante los cuales podemos hacernos un puño o dialogar con ellos. Sin humillación. Sin altanería. Constructivamente. Con realismo.

El realismo provoca crecimiento porque enfoca nuestra energía: ahí donde está el problema, o el enemigo, o la adversidad.

La negación de la realidad crea fantasías: tal vez no sea, tal vez me sane, tal vez estoy equivocado. Y eso impide focalizar la energía en lidiar con el evento infausto. Todo es para bien, se lee en los libros sagrados del pueblo judío. Pienso que todo, debidamente manejado por la acción humana, puede resultar en un bien. No que el incendio haya sido una buena cosa, sino que lo que hagamos después del incendio, la forma como dialogamos con la adversidad, nos puede llevar a un estado mejor.

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