7 abril, 2014

Imagen sin titulo - GN
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Se dice que cuando Arquímedes logró resolver el famoso problema, salió a la calle exclamando Eureka –lo encontré–.

Esa palabra está emparentada con la palabra heurística que es la práctica de la búsqueda de soluciones o la aplicación de formas posibles de encontrarlas.

Recientemente, me entusiasmó escuchar en una reunión el siguiente discurso: Este asunto es nuevo para nosotros. Tanto jefes como colaboradores tenemos poca o ninguna experiencia al respecto. Por tanto, si realmente nos interesa, tenemos que aplicarle recursos y especialmente una atención singular. Construyamos un camino con todos los interesados –los de dentro y los de fuera, productores y clientes potenciales, diseñadores y operadores–.

Recordé una idea que recién escuché en el sentido de que así como las empresas tienen un líder en mercadeo, otro en finanzas, deberían también tener uno en ignorancia.

Se trata de utilizar la ignorancia como fuente de innovación y de mejoras.

No de ocultarla como hace el estudiante ante el profesor o el entrevistado ante los periodistas, sino de convertirla en el inicio de un camino, a veces solitario, a veces participativo, para ir obteniendo conocimiento o perspectiva.

Cuando aprendemos que el gato no está en la habitación, no sabemos donde está el gato pero sí hemos adquirido una perspectiva nueva y útil.

Reconocer el problema es un primer paso.

Mientras la ignorancia nos impida reconocerlo, no lo resolveremos. Luego podemos aplicar tácticas, ordenadas como las que recomienda Polya, según la Wikipedia: Si no consigues entender un problema, dibuja un esquema. Si no encuentras la solución, haz como si ya la tuvieras y mira qué puedes deducir de ella razonando a la inversa. Si el problema es abstracto, prueba a examinar un ejemplo concreto. Intenta abordar primero un problema más general. O un problema análogo, para luego intentar hacer la transferencia de soluciones.

A fuerza de confiar en las soluciones empaquetadas, nos cuesta mucho seguir el promisorio camino de confesar nuestra ignorancia y dedicarnos con realismo y entusiasmo a aprender sobre un asunto, con otros y de otros.