Por: Álvaro Cedeño 28 noviembre, 2016

Un gerente me autorizó a publicar esta carta:

En esta organización jerárquica en la cual trabajamos, y que juntos hemos logrado ir transformando, yo soy el jefe de tu jefe.

Te vi en una situación incómoda cuando tu jefe, en la reunión que sostuvimos, dijo que debíamos tomar mi propuesta y considerar que era todavía muy preliminar. Que era conveniente volver a la mesa de diseño, porque si queremos ser de clase mundial, tenemos la obligación de cuestionar la calidad de cualquier decisión que tomemos o cualquier cambio que introduzcamos en nuestros productos o en nuestros procesos.

Seguramente pensaste que lo que tu jefe decía constituía un desafío a la autoridad y entonces imagino que se te hacía difícil dar tu opinión.

Como tienes pocos años en esta empresa, quisiera decirte cómo procesé toda la escena, porque me parece fundamental para entender la empresa de hoy y la del futuro.

Cuando yo presento una propuesta, lo hago después de mucho trabajo. No disparo desde la cintura. Me cuadro, apunto, corrijo y hasta después hago fuego. Pero el planteamiento de tu jefe de que todo es mejorable, es saludable para la empresa, aunque a veces a mí me resulta difícil masticarlo y tragarlo y a ti te puede resultar amenazante.

Ya nuestros competidores no son la empresita que queda a tres kilómetros de distancia.

En esta situación de globalización, competimos con los grandes del mundo y entonces no podemos jugar de casita, sino que tenemos que aprender a jugar en las grandes ligas.

No es natural que todos los gerentes igualen mi capacidad de asimilar cuestionamientos. He pasado muchas horas de muchos años intentando reformatear mis respuestas instintivas para aprender a buscar respuestas constructivas. Entre mis deberes de más alto impacto, está mi contribución a mantener un clima, que permita que todos busquemos lo que le conviene a la empresa y no ganar el próximo pulso. Que nos expresemos no solo verbalmente, sino vitalmente, de manera que la capacidad de innovación de todos, eleve las ventajas competitivas.

Esta empresa no es el medio para expresar mis puntos de vista, ni el espacio en el cual recibe masajes mi narcisismo.

Así que, adelante, se vale cuestionar, se vale indagar, se vale discrepar. Y sobre todo, se vale mejorar. Firma: tu colega.