Por: Álvaro Cedeño 5 septiembre, 2016

Las banderas que surgen en setiembre, podrían ser una simple manifestación externa. O podrían ser algo más profundo.

La bandera, como símbolo, está metida bien adentro de nuestro ser. Tal vez tan adentro como nuestro nombre o los rostros de los seres amados.

La bandera nos puede poner a mirar en dirección al pasado. A recordar las épicas memorias. A revivir el sentimiento con el cual hemos mirado siempre lo patrio. A contemplar el camino recorrido y sentir que ese trayecto común, de una cierta forma nos acerca.

O puede la bandera, movilizarnos a pensar en el futuro.

A pensar en los cambios que vive la humanidad. A darnos cuenta de que posiblemente estemos en el inicio de una de las revoluciones más profundas de la forma de vida de los seres humanos.

También a indagar en cuáles serán las mejores formas de aprestarnos a sumergirnos en esos cambios con la mayor ventaja para esta comunidad que llamamos Costa Rica.

La nave está por partir. Cada uno tiene un puesto de acción, pero, ¿estamos todos atentos a las obligaciones de ese puesto de acción?

A veces parece que padecemos de desenfoque.

Mientras la humanidad gravita hacia oportunidades y demandas inéditas, muchas de las manifestaciones de la vida nacional muestran miopía. No hay una clara evidencia de que estamos navegando sino más bien de estar al pairo.

Afortunadamente, debido a la naturaleza de los cambios que se avecinan, van a atomizarse las posibilidades de influir y de ser constructivos.

Eso nos debe llevar a mirar menos hacia los de arriba y más hacia lo que cada uno de nosotros puede aportar.

La nave no espera un capitán mesiánico. La nave requiere de todos, la convicción de que estamos entrando en mares desconocidos y que es necesario que cada uno asuma su parcela de acción con atención y responsabilidad. Lo mismo el estudiante que el conductor de empresas. Lo mismo el padre de familia que el ministro. Lo mismo el ciudadano que el presidente.

La pregunta no es si vamos a cambiar. La pregunta es si vamos a ir a la cabeza o en la cola.