30 junio, 2014

Imagen sin titulo - GN
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La Selección, en tres partidos, nos ha dado satisfacciones incomparables. La alegría ha sido gratuita. Por eso parece constructivo elegir corresponder a ella con alguna acción trascendente.

Podríamos, por ejemplo, movilizar acciones en la dirección de que estos faustos sucesos, dieran lugar a un mejoramiento en el significado del deporte y concretamente del fútbol, en la vida nacional.

La televisión nos ha traído no solo partidos. Nos ha traído también información de cómo se aplican la ciencia y la técnica al mejoramiento de la práctica del fútbol, desde un punto de vista individual, físico. Hay formas intuitivas de lograr un chanfle, pero tal vez convenga conocer el Efecto Magnus. (Dice la Wikipedia que se atribuye al futbolista brasileño Arthur Friedenreich –1379 goles– el descubrimiento y desarrollo de la técnica de pegarle a la bola para producir el chanfle).

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Seguramente iguales aportes podrían hacer la ciencia y la técnica al mejoramiento de la condición física de los jugadores.

Tenemos buenas carreras universitarias de educación física y otros núcleos académicos con los cuales estas carreras podrían establecer alianzas para formar un buen programa mutidisciplinario al servicio de escuelas de fútbol, entrenadores, preparadores y jugadores. Ese sería un esfuerzo de acción social, de alto significado.

Imaginemos un programa de transferencia tecnológica que tuviera como condición el rendimiento estudiantil de los beneficiarios. Los chicos pagarían con esfuerzo académico el beneficio de que su desarrollo deportivo tuviera fundamento científico.

Hay monumentos visibles. Esos que vemos en los parques. También hay monumentos invisibles. Los triunfos de la Sele, merecen un monumento. Esta sería la forma de que esos triunfos impactaran aun a las nuevas generaciones.

Si en 1990 hubiéramos canalizado nuestra alegría de esta manera, estaríamos viendo sus frutos. Italia 90 se convirtió en un recuerdo nostálgico. Ahora lo que querríamos es que la nostalgia cediera su paso a la acción. Los frutos de la nostalgia no nos benefician socialmente. Los frutos de la acción ordenada, estratégica, innovadora, colaborativa, sí.