Por: Álvaro Cedeño 26 junio

Ni los valores ni los modelos mentales que inspiran la conducta se pueden observar. Las promesas sobre lo que haremos, podrían no ser coherentes con lo que finalmente hagamos. Aunque las palabras, el discurso, podrían mostrar valores o creencias. Pero finalmente son las acciones las que dan cuenta de ellos.

El tema es importante cuando se tiene que formar expectativas sobre lo que hará una persona cuyas acciones tienen significado para nosotros. El entrevistador que selecciona personal, trata de formarse expectativas sobre los solicitantes de empleo. El reclutador de estudiantes para una universidad selectiva, también. Lo mismo que el ciudadano que en una campaña escucha lo que dicen los candidatos o los ve accionar.

¿Qué deberíamos observar en un candidato? Posiblemente lo primero es para qué parece que quiere el poder. Todos nos dirán que para sacar al país adelante. Pero es interesante buscar indicios de si busca el poder por placer, por narcisismo, por cumplir con una autobiografía que empezó a escribir hace tiempo. O si busca el poder como forma de ejercer una responsabilidad personal de servicio.

Deberíamos preguntarnos qué se trasluce de sus dichos y hechos en cuanto a la noción de bien común. ¿Tendrá claro que unas acciones conducen hacia el bien común y otras no? ¿Valora más el bien de su partido que el bien común? ¿Qué piensa de la eficacia? ¿Tiene noción de la complejidad de ejercer el poder ejecutivo o cree que la oratoria vehemente hará el milagro?

Y sobretodo interesa saber como visualiza la política. ¿La ve como una serie interminable de pulsos o como una cadena de acuerdos? ¿La ve como un campo en que todo se vale ? ¿Está consciente de que la forma como hacemos política es muy semejante a como lo venimos haciendo desde los años cuarenta? ¿Tiene alguna aspiración a innovar la política para adaptar a las nuevas circunstancias o se quedó pensando que la jugadilla y la viveza siguen siendo buenas herramientas en un mundo con problemas, oportunidades y urgencias nuevas?