Por: Álvaro Cedeño 1 mayo

Ya sabemos que la buena comunicación consiste en saber escuchar. Y saber escuchar es, esencialmente, darle pelota al otro. Ahora, algo más. Comunicamos lo menos posible. Somos cautelosos. Nunca comunicamos todo de una vez. Probamos la temperatura con el pie, antes de echarnos al agua. Tememos que no se nos acoja. Por eso, conviene que, al recibir un mensaje, siempre supongamos que lo que se nos ha dicho, es apenas la punta del témpano. Debajo de la línea de flotación, hay más para comunicar, en caso de obtener una buena acogida.

El amigo que te pregunta si viste el partido, no quiere un sí o un no. Un escucha eficaz contesta y le pregunta si lo disfrutó , o con quién lo vio. Ahí, tal vez, está lo que quiere narrar. La compañera que te dice que le duele la cabeza, no está a la espera de que le recetes un analgésico. Su aspiración podría ser que le des oportunidad de contarte la preocupación que la hace dormir mal y que, finalmente, le produce el malestar que te mostró como punta del témpano. El colaborador que en la reunión de equipo opina que estamos bien pero que hay espacio para mejorar, en realidad lanza una invitación al grupo para indagar sobre lo último y, quizá, esté listo para contribuir con una serie de puntos de mejora. Quien te dice buenos días, podría estar buscando consuelo, comprensión, compañía.

A veces, la punta visible del témpano es un gesto o un movimiento corporal, a los cuales también hay que darles discreto seguimiento para obtener todo el mensaje que insinúan. Pero aquí como en los mensajes verbales, hay que ser muy sensible, ya que lo que está oculto, por algo lo está, y quien lo oculta, consideraría intrusivo que, simplemente, se le pregunte, qué es lo que quiso decir.

Al igual que ocurre con el témpano, lo oculto es tan significativo como lo manifiesto. A quien mostró solo parte de algo que quiere comunicar, no darle la oportunidad de mostrar más, podría saberle a rechazo. Somos seres sedientos de comunicación significativa, por más que ocultemos esa aguda necesidad con superficialidad, humor, ironía o racionalizaciones.