Por: Álvaro Cedeño 6 febrero

Cuando se inventó la máquina de vapor se revolucionó el movimiento operado por el ser humano. Saltar de los lentos telares manuales a los rápidos –y ruidosos– telares mecánicos, no solo aumentó la productividad, sino que desató una indagación sobre en qué más cosas se podía usar la fuerza motriz del vapor. Los cortes en la madera de las casas construidas hace 50 años se hicieron con serrucho. Hoy, en todas las construcciones, rugen las sierras eléctricas. El motor eléctrico también abrió una indagación sobre las posibilidades de extender su uso.

Hoy, las tecnologías de información y comunicación transforman los negocios. Desaparecieron las secretarias con máquinas de escribir, los contables con calculadoras, los encargados de bodega con sus tarjeteros, los mensajeros con sus carteras, los cobradores con facturas y recibos. Y la rueda gira inexorable.

La gestión de empresas debe ser digitalizada. Eso no se limita a ir aplicando todas esas tecnologías de infocomunicación. Pienso que más bien se refiere a repensar la empresa en función de la enorme potencialidad de los medios digitales disponibles.

Habrá que empezar por reexaminar lo que el cliente valora. El cliente bancario valoraba, por ejemplo, las filas cortas. Hoy valora el cajero automático cercano. ¿Qué valorará mañana? Tal vez un sistema de transferencias que tome nota de los mensajes privados mediante los cuales pueda enviar y recibir dinero sin ingresar al sitio web del banco.

Habrá que reexaminar el producto. Eso que se entrega al cliente, ¿de qué manera podría cambiar? Ya se ve que quien compraba libros no valoraba el papel sino el contenido. Por eso compramos libros digitales. Pienso que en los libros, valoraríamos la concisión. Valoraríamos que nos dieran el conocimiento organizado en lo que se denomina chunks , pero no en los chunks en que piensa el autor, sino en los que tienen mayor probabilidad de ser aprehendidos por la manera particular que tiene cada lector de organizar su conocimiento.

El pasado nos condiciona. El futuro es desconocido. De ahí la dificultad de innovar. El incentivo está en que la innovación es necesaria para crear las ventajas competitivas que serán indispensables mañana. Y que sin ella seremos como las fábricas textiles operadas con vapor.