8 septiembre, 2014

Cuando escuchamos la palabra aprender, con alta probabilidad pensaremos en memorizar para el examen. Es importante depurar la palabra de ese significado limitante. Aprender es adquirir nuevas formas de explicar, interpretar, hacer, sentir, vivir.

Aprendemos de situaciones, de interacciones, de la contemplación e intento de explicación de nuestras sensaciones. Aprendemos del placer y aprendemos del dolor. Aprendemos del triunfo y de la derrota. Aprendemos de presenciarnos en nuestros diferentes estados emocionales.

La realización de lo que podemos llegar a ser, se da a través de aprendizajes. En este sentido, como la vida es auto afirmativa, se impulsa constantemente a sí misma, podríamos afirmar que es imposible vivir sin aprender.

Lo que la escuela y en general la educación formal hacen es aplicar unas metodologías para acelerar aprendizajes en áreas o temas muy parciales. Cuando la aplicación es exitosa, producen aprendizajes. Pero podría ser que no los produjeran, o produjeran aversiones que dificultan el aprendizaje. Eso ocurre por ejemplo con la mate-fobia o aversión a la matemática.

Sarah Clark señala que una persona puede llegar a ser mejor aprendiente si internaliza los siguientes atributos específicos: ser auto-dirigida; inquisitiva o curiosa; consciente de sí misma y honesta consigo; sin aversión al riesgo ni temor a cometer errores; y de mente abierta.

Esos atributos, posibilitan no solo el aprendizaje de la geometría, sino también el entrenamiento para un puesto determinado o el proceso de desarrollo personal.

Es autodirigida la persona que emprende con autonomía la indagación, la búsqueda. Para las cosas importantes, nadie nos debería decir qué intentar aprender. Cada uno tiene sus propios gustos y predisposiciones y aprendemos con mayor eficacia lo que está alineado con ellos.

El ser inquisitivo y curioso es una disciplina que consiste en nunca pasar la mirada sobre las cosas sino detenerse en ellas con el ánimo de interrogarlas. Si no interrogamos a las cosas nunca vamos a pasar de la apariencia.

El conocimiento de sí mismo da una pista sobre lo que podemos intentar y lo que no. Da información sobre gustos e inclinaciones y de esta manera ayuda a orientar la mirada, el interés.

La honestidad consigo, ayuda a reconocer la ignorancia, reconocimiento que es la primera grada para escalar hacia el conocimiento.

Aprender es un proceso tentativo –como caminar en la oscuridad– por eso quien teme cometer errores, quien rechaza el riesgo, no explora y no aprende. Y finalmente, la mente abierta, impide que nos casemos con información, ideas, valores, actitudes y nos mantiene siempre en disposición de sustituirlos, que es lo que llamamos aprendizaje permanente. Aprender no es llenar la maleta. Es modificarnos a lo largo del camino.

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