Economía

Un mundo que no está a salvo

Actualizado el 02 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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¡La rupia se desploma! ¡Huyan a las montañas! Bueno, pensándolo bien, mantengan la calma y sigan como si nada ha pasado.

En caso de que se lo esté preguntando, esta rupia es la moneda nacional de Indonesia y, como las monedas de numerosos otros mercados emergentes, ha bajado mucho en los meses recientes. El asunto es que la última gran caída de la rupia tuvo lugar en 1997 y 1998, cuando Indonesia fue el epicentro de una crisis financiera asiática. En retrospectiva, aquella crisis fue una especie de ensayo general para la crisis mucho más grande que envolvió al mundo desarrollado una década más tarde. Por ese motivo, ¿debemos aterrorizarnos por Asia otra vez?

El tránsito pesado durante la hora pico de la tarde, en el centro de Yakarta, capital de Indonesia. La rupia, moneda de ese país, se ha devaluado en los últimos meses,   pero este ajuste está lejos de ser la antesala de una crisis asiática como la que se vivió en 1997. | RONY ZAKARIA/INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE
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El tránsito pesado durante la hora pico de la tarde, en el centro de Yakarta, capital de Indonesia. La rupia, moneda de ese país, se ha devaluado en los últimos meses, pero este ajuste está lejos de ser la antesala de una crisis asiática como la que se vivió en 1997. | RONY ZAKARIA/INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE

No lo creo, por razones que explicaré dentro de muy poco. Pero los eventos actuales sí traen recuerdos a la mente y son, en especial, un recordatorio de lo poco que hemos aprendido de aquella crisis de hace 16 años. No reformamos la industria financiera; contrariamente, la desregulación siguió adelante a toda máquina. Tampoco aprendimos las lecciones correctas acerca de cómo se responde cuando la crisis golpea. De hecho, no solo estamos cometiendo de nuevo los mismos errores, sino que, de manera muy destacada, en realidad estamos actuando peor ahora, por comparación con la forma en que lo hicimos entonces.

Algunos antecedentes: La fase previa a la crisis asiática tuvo un gran parecido con la que antecedió a la que ahora aqueja a Grecia, España y otros países europeos. En ambos casos, los orígenes de la crisis se ubican en excesivo optimismo del sector privado, con la llegada de grandes préstamos extranjeros, principalmente para el sector privado. En ambos casos, el optimismo se convirtió en pesimismo con velocidad sorprendente, lo que precipitó la crisis.

A diferencia de Grecia y otros, los países que estuvieron en la crisis de 1997 tenían sus propias monedas, que procedieron a bajar marcadamente frente al dólar. Al principio, las declinaciones de estas monedas causaron aguda angustia económica. En Indonesia, por ejemplo, muchas empresas tenían deudas grandes en dólares, razón por la cual cuando la rupia entró en picada respecto al dólar, esas deudas se inflaron en relación con los activos y los ingresos. El resultado fue una severa contracción económica, en una escala que no se veía desde la Gran Depresión.

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Afortunadamente, los malos tiempos no duraron tanto. La misma debilidad de las monedas de estos países hizo que sus exportaciones se volvieran altamente competitivas, y pronto todos ellos –incluida Indonesia, que fue la más golpeada– estaban experimentando una marcada recuperación impulsada por las exportaciones. .

Aun así, la crisis se debió ver como una lección objetiva sobre la inestabilidad de un sistema financiero liberalizado. En vez de eso, la recuperación de Asia llevó a una excesiva muestra de satisfacción de lo hecho por parte de funcionarios occidentales, lo que se ejemplifica con la famosa portada de la revista Time en 1999 –en la que se muestra a Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal (FED); Robert Rubin, entonces secretario del Tesoro; y a Lawrence Summers, subsecretario de Tesoro– con el titular El comité para salvar el mundo . El mensaje era: no se preocupen, tenemos estas cosas bajo control. Ocho años más tarde, nos enteramos de lo desubicada que estaba aquella confianza.

Ciertamente, como mencioné, en realidad esta vez estamos haciendo las cosas de peor manera. Pensemos, por ejemplo, en el peor caso entre las naciones durante cada crisis: Indonesia entonces; Grecia ahora.

La caída de Indonesia, que vio la economía contraerse un 13% en 1998, fue una cosa terrible. Pero una sólida recuperación estaba en marcha para el 2000. En el 2003, Indonesia había rebasado el punto más alto que había alcanzado antes de la crisis; el año pasado, era el 72% más grande que en 1997.

Ahora comparemos esto con Grecia, donde la producción ha disminuido más del 20% desde el 2007 y sigue cayendo rápidamente. Nadie sabe cuándo empezará la recuperación y mi suposición es que pocos observadores esperan ver en esta década una recuperación de la economía griega a los niveles anteriores a la crisis.

Crisis improbable. ¿Por qué son las cosas peores esta vez?

Una respuesta es que Indonesia tenía su propia moneda y la caída de la rupia fue, eventualmente, algo bueno. Mientras tanto, Grecia está atrapada en el euro. Además, sin embargo, los definidores de políticas eran más flexibles en la década de 1990 que en la actualidad. El Fondo Monetario Internacional (FMI) exigió inicialmente duras medidas de austeridad en Asia, pero pronto dio marcha atrás. Esta vez, han sido implacablemente severas las exigencias sobre Grecia y otros deudores, y cuanto más falla la austeridad, tanto mayor es la sangría que se exige.

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Así las cosas, ¿sigue Asia? Probablemente no. Indonesia tiene un nivel mucho más bajo de deuda extranjera en relación con el ingreso ahora que en la década de 1990. La India, que también tiene una moneda a la baja que preocupa a muchos observadores, tiene una deuda aún menor. Por lo tanto, una repetición de la crisis de los 90, para no mencionar una sin fin al estilo griego, parece improbable.

¿Qué hay de China? Bueno, como expliqué recientemente, estoy muy preocupado, pero por razones enteramente diferentes, mayoritariamente no relacionadas con eventos en el resto del mundo.

Seamos claros: aunque no suframos el espectáculo de una región más que se hunde en la depresión, el hecho sigue vigente de que la gente que se felicitó por salvar al mundo en 1999 en realidad estaban montando al mundo las condiciones para una crisis mucho peor, apenas pocos años más tarde.

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía del 2008.

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