17 septiembre, 2016

Si le dicen: le doy ¢100 dentro de un año o ¢90 ya, y acepta, quiere decir que para usted el valor presente de esos ¢100 a recibir en el futuro (en un año), equivale a ¢90, hoy.

Mi regreso a la vida real
Mi regreso a la vida real

Esto no es más que una tasa de descuento del 11,11% (renunció a ¢10 para recibir hoy ¢90; 10 dividido entre 90 es su tasa de interés de descuento). Dicho de otra manera, para traer a valor presente ¢100 recibidos dentro de un año, usted inconscientemente lo que hizo fue un cálculo matemático de dividir 100 entre 1,1111. Utilizando esa misma tasa de descuento, si le dijesen: le doy los mismos ¢100, pero dentro de dos años, su descuento sería mayor, y estaría dispuesto a recibir hoy solo ¢81. A tres años, su valor presente de ¢100 serían hoy, ¢72,90.

Esto no es más que una fórmula matemática que consiste en descontar el valor futuro en el año ( n ), dividiendo esa suma entre un factor equivalente a uno más la tasa de interés elevado a la n , donde n son los años correspondientes.

Nuestros abuelos expresaba este concepto de valor del dinero en el tiempo, con el refrán: más vale pájaro en mano que 100 volando.

A esa tasa de interés, que iguala la suma de los valores presentes de las cantidades futuras con el valor recibido hoy, se le llama la tasa interna de retorno (TIR); tasa de interés efectiva o tasa equivalente.

En un ejemplo que puse en mi columna anterior (3 de setiembre), la tasa de interés nominal o corriente que nos anuncia un almacén donde se compró una pantalla led era del 45,02%, pero por el efecto de los gastos de formalización y descuento por pago en efectivo, calculamos que la tasa efectiva era mucho mayor, cerca de 75%.

No requerimos ser expertos en matemáticas financieras para calcular la tasa efectiva ya que nuestra legislación obliga a los bancos o comerciantes a publicarla. Por eso, no abogo por topes a las tasas de interés. Lo que el consumidor necesita es transparencia; información clara, objetiva, veraz y cierta, para poder comparar papas con papas.

Por eso, si en el almacén dicen que la tasa efectiva es del 75%; el emisor de la tarjeta indica que la suya es del 48% y el banco le presta a una tasa de 25%, lo racional es que el consumidor elija el préstamo.

Alguien podría decir: estoy dispuesto a pagar una tasa de interés más alta, para llevarme el televisor ya, financiándome con la tarjeta o con el almacén, pero lo hizo conscientemente, sabiendo el costo.

El Ministerio de Economía y la Superintendencia General de Entidades Financieras deben preocuparse por establecer sanciones severas para aquellos que abusan, engañan, falsean o no son transparentes con este cálculo.