2 abril, 2016

Cuando se es joven, se cree que la vida es infinita. Craso error ignorar que el tiempo no espera y pasa rápido. Uno de mis consejos es que debemos ser prudentes y previsores.

Así, desde tiempos bíblicos sabemos que debemos ahorrar en periodos de vacas gordas para cuando vengan los de vacas flacas.

En Costa Rica, en el 2000, se emitió la Ley de Protección al Trabajador que modificó el régimen de pensiones para formar lo que se conoce como los tres pilares. El primero es el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte, administrado por la Caja Costarricense de Seguro Social.

El segundo es el régimen complementario, administrado por las operadoras de pensiones, y el tercer pilar es el conocido como régimen voluntario.

Sin embargo, en el ámbito mundial, los esquemas de seguridad social están colapsando, ya sea por irresponsabilidad en la administración de sus inversiones o por el sunami demográfico que se está viviendo al reducirse la tasa de natalidad y aumentar la longevidad.

Está técnicamente demostrado que con la pensión de la Caja no basta, no solo porque paga un máximo de ¢1,5 millones, sino porque es un régimen solidario; es decir, nuestros aportes cubren las pensiones de quienes se retiran hoy.

Lo que el público no sabe es que con la pensión de la Caja si acaso llegamos a cubrir el 50% de nuestro salario actual. ¿Se imagina tratando de ajustar su nivel de vida a la mitad de sus ingresos de hoy? Imposible, ¿verdad?

Si bien el segundo pilar ayuda a incrementar dicho monto, apenas se llega a cubrir el 65% del salario. Por tanto, debemos mantener un esquema voluntario de pensión, equivalente, al menos, a 5% del salario, para pensionarnos con un 80% de nuestro ingreso.

En adición, la mayor responsabilidad social que tienen los administradores de estos tres pilares es garantizar la seguridad de estos fondos, y luego su rendimiento; existe mucha tentación y ocurrencia por usarlos. No cometamos el error de otros países de invertir los fondos con puro criterio de rentabilidad y en manos de yuppies financieros, más interesados en generar comisiones que la sostenibilidad y solidez de los fondos.

Si desde jóvenes pensamos que llegaremos algún día a ser viejos, entonces evitaremos caer en la famosa frase que dice: “pensé que mi pensión me permitiría salir de la carrera de ratas que era mi trabajo, pero jamás imaginé que seguiría siendo rata y lo que es peor, acostumbrada a vivir cada vez con menos queso que antes”.