Funcionarios han llamado repetidas veces a rebalancear la economía, alentando más gasto doméstico, ya que los hogares ahorran casi la mitad

 4 agosto, 2014

Ou Chengbi, una carnicera en un sofocante mercado al aire libre en las afueras de Cantón, en el sureste de China, apenas si ve los signos de recuperación de la economía de su país. En su puesto, escurriendo sudor, cerca de los trozos de carne de res sin refrigerar, relató cómo hasta hace poco, en el invierno, todavía podía destazar una vaca completa todos los días y venderla toda.

“Ahora, solo puedo vender la mitad de una vaca al día”, dijo.

Son millones de comerciantes chinos los que batallan como Ou, aun cuando los datos indican que el crecimiento se estabiliza.

La Oficina Nacional de Estadística en Pekín anunció en julio que el crecimiento económico subió 7,5% en el segundo trimestre, en comparación con el año anterior. Sin embargo, estudios independientes de negocios de toda China muestran que se deterioraron las ventas y la confianza, sector tras sector.

El mercado al aire libre de Jiahe, en Guangzhou, China. Pese a que las mediciones oficiales indican que la economía china crece a una tasa robusta, comerciantes y analistas independientes lo cuestionan. | FORBES CONRAD/THE NYT
El mercado al aire libre de Jiahe, en Guangzhou, China. Pese a que las mediciones oficiales indican que la economía china crece a una tasa robusta, comerciantes y analistas independientes lo cuestionan. | FORBES CONRAD/THE NYT

“Todas apuntan en la dirección opuesta de esta supuesta cifra del PIB”, dijo Leland Miller, el presidente de China Beige Book International, un servicio de datos, en Nueva York, que, cada trimestre, levanta encuestas en 2.200 negocios particulares en toda China para medir la actividad económica.

Está renqueando uno de los motores más grandes del crecimiento económico chino de los últimos años –la construcción y otras inversiones del sector privado–, mientras que las exportaciones apenas empiezan a recuperarse de un invierno débil y a estabilizarse el aumento en las ventas al menudeo. Eso deja solo a la inversión y el gasto del Gobierno, que son fuertes y sustentan los préstamos que el sistema bancario controlado les acrecentó, al sistema nacional ferroviario, los gobiernos locales y las empresas paraestatales.

El resultado ha sido un gasto frenético en la construcción de líneas de ferrocarril – 32,1% más en junio que el año pasado– y la vivienda subsidiada. Asimismo, se están estableciendo marcas de tonelaje en la producción de acero en China, mientras que bajaron marcadamente los inicios de construcción de vivienda del sector privado.

El total de préstamos subió ahora más rápido que la producción económica, antes del ajuste por la inflación, en cada trimestre desde el 2011. Los créditos se aceleraron todavía más en junio, según las cifras presentadas en julio por el banco central, el Banco del Pueblo de China. No obstante, las encuestas de Miller y de otros muestran que a los negocios particulares les interesa cada vez menos pedir prestado porque ven pocas oportunidades para invertir en forma rentable.

“No hemos sentido ninguna mejoría en nuestros negocios desde principios de año”, señaló Wan Yanhong, el gerente de Negocios en la compañía Nanchang Zerowatt Electric Appliance en Nanchang, en el centro sur de China.

Funcionarios chinos han llamado en repetidas ocasiones a rebalancear la economía, alentando más gasto doméstico, ya que los hogares ahorran casi la mitad de los ingresos, y a depender menos de los proyectos de inversión financiados a base de endeudamiento. No obstante, cada vez que el crecimiento empieza a caer por debajo del objetivo oficial de aproximadamente 7,5% –como sucedió en el primer trimestre, cuando fue de 7,4%–, el Gobierno rápidamente abre el grifo para que haya más créditos.

Algunos economistas, dentro y fuera del Gobierno, sostienen que China tiene una opción: reducir los préstamos y aceptar descensos constantes en el crecimiento económico cada año, o continuar otorgando muchos créditos y arriesgarse a que algún día se produzca una caída drástica en el crecimiento económico, cuando el sistema financiero empiece a tambalearse. Empero, nadie sabe cuándo podría suceder eso.

“Si bien no hay forma de pronosticar con precisión y certeza el punto al que China alcance los límites de su capacidad de endeudamiento, creo que las tasas actuales de expansión de los créditos pueden continuar, cuando mucho, otros tres o cuatro años”, escribió Michael Pettis, profesor de Finanzas en la Escuela de Administración de Cantón de la Universidad de Pekín.

No obstante, el panorama económico de China sigue teniendo fortalezas de largo plazo. Una de ellas es que decenas de millones de trabajadores chinos tienen más dinero para gastar cada año. Los datos de julio muestran que el salario promedio para los trabajadores inmigrantes aumentó 10.6% este verano, respecto del año anterior. Eso es casi cinco veces el incremento en los precios al consumidor del último año, de solo 2.3%.

Si bien es frecuente que los inmigrantes tengan una escolaridad menor a la segunda enseñanza, les ha ido mejor en el mercado laboral de China en los últimos años que a los jóvenes más instruidos, ya que al quintuplicarse la cantidad de graduados universitarios se ha producido una superabundancia en un país que aún depende mucho de los sectores obreros, como la construcción y las manufacturas.

Xu Hua, un hombre encanecido y sin rasurar, vestido con pantaloncillos cortos, sin camisa, se esforzaba para cargar una serie de enormes costales de arroz de una furgoneta de repartos hasta un restaurante. Comentó que ahora pagan mejor por realizar esa tarea que hace un año. Un compañero de trabajo y él ganaron, cada uno, 50 renminbis ($8,10) por más de dos horas descargando la furgoneta; ganaron 40 renminbis por el mismo trabajo hace un año, dijo Xu.

Las ventas al menudeo también están creciendo considerablemente, 12,4% en junio, en comparación con el año pasado, de acuerdo con cifras del Gobierno. Eso casi se iguala a un ritmo de 12,5% en mayo. Sin embargo, eso no ha sido lo suficientemente rápido para compensar los efectos en la economía de la desaceleración de las inversiones del sector privado, incluida una baja de 14% en los inicios de obras para vivienda en junio, en comparación con el año anterior.

La mayoría de los economistas dicen que los hogares chinos tienen la fuerza financiera para intensificar el gasto con más rapidez que sus ingresos, reduciendo la enorme tasa de ahorro. No obstante, para sus ingresos, el Gobierno chino depende fuertemente de excesivos impuestos al valor agregado que penalizan el consumo en tanto que un tambaleante mercado inmobiliario ha dañado la confianza.

“Son menos las personas que vienen a ver”, notó Deng Weiping, mayorista en un mercado de telas en Cantón. “Y la gente que sí entra compra menos que antes”.

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