Economía

Familias en la costa del Pacífico pasan penurias

Actualizado el 22 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Familias en la costa del Pacífico pasan penurias

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Guanacaste y Puntarenas. En Guanacaste, en un lote cerca del Río Cañas, en el sector del Vergel de Cañas, habitan tres personas adultas con problemas de salud, que deben subsistir con una pensión de ¢75.000 al mes.

Esta es una de las casi 285.000 familias pobres que se contabilizaron en el país, este año. La Región Chorotega es la segunda con mayor pobreza en Costa Rica.

Ahí vive doña Juana Otilia Ugalde, de 89 años, quien no puede caminar ni ver bien y padece de insuficiencia renal. Debido a estos males, recibe atención médica en su rancho. Con ella vive su nuera, Teresa Dijeres, de 57 años, quien tiene una pequeña pensión y sufre varias enfermedades como hipertensión y asma.

La familia, además, recibe unos pocos ingresos de uno de los hijos de doña Juana, Jaime Ugalde, quien también sufre quebrantos de salud. Su anhelo es hacer un cuarto para su mamá, pero dice que no le alcanza el dinero.

En Puntarenas. La Región Pacífico Central es la tercera del país con mayor pobreza. Hay barrios como Josué, Fray Casiano, El Progreso, Juanito Mora, calle final de los Almendros, entre otros, llenos de familias pobres.

En barrio Josué se encuentran, solo en una cuadra, unas 87 casas hechas de madera, latas y hasta de tarimas, donde cada familia tiene de dos a seis hijos, y habitan en espacios de cuatro por tres metros.

Tal es el caso de doña Virginia Hernández quien vive con su esposo y tiene seis hijos; ella se encuentra en una condición de pobreza extrema y trabaja, al igual que la mayoría de mujeres de por ahí, en plantas de camaroneras clandestinas.

Otra familia es la de Esther Angulo Chinchilla, madre de cinco hijos, quien sale todas las mañanas en su bicicleta y recorre cuatro kilómetros diarios para llegar a una camaronera clandestina donde labora hasta horas de la tarde.

“Esta es una vida muy dura tener que salir a trabajar y saber que en veces me va bien u otras mal, vivo en un espacio pequeño junto a mi pareja y mis cinco hijos los cuales no les puedo dar una vida de lujos pero trato de educarlos con mucho amor, cada Navidad es un calvario el querer darles un regalito y por la escasez de dinero no puedo comprarles; nada más darle una cena humilde”, relató doña Esther.

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