Mujeres trabajan hasta 15 horas diarias en casas para alimentar a sus hijos

 1 marzo, 2014
Mujeres salvadoreñas hacen bordados a mano en sus casas que luego son comercializados por grandes empresas en el exterior.
Mujeres salvadoreñas hacen bordados a mano en sus casas que luego son comercializados por grandes empresas en el exterior.

San Salvador. Al menos 300 mujeres salvadoreñas trabajan como “bordadoras a domicilio” desde sus humildes hogares y sin ningún tipo de prestaciones para grandes empresas textiles que exportan sus productos hacia el exterior.

Día y noche, únicamente con aguja, hilo y tijeras, estas mujeres producen con sus manos diferentes figuras en un pedazo de tela que posteriormente adornará la ropa de alguien.

De acuerdo al estudio “Haciendo visible lo invisible: La realidad de las bordadoras a domicilio”, más de 300 mujeres realizan este trabajo para siete empresas de capital salvadoreño cuyas exportaciones van principalmente para Estados Unidos y también a Japón, el Reino Unido y Costa Rica, dijo Monserrat Arévalo, coordinadora de la investigación.

Arévalo, directora de la organización no gubernamental Asociación Mujeres Transformando, reconoció que no existe un número exacto de las mujeres que se dedican a esta labor ni de las maquilas que las contratan, pues prácticamente es un trabajo “invisible” en el país.

El Ministerio de Trabajo “no tiene estadísticas” de cuántas mujeres están sometidas a esta labor, que cumplen en prolongadas jornadas sin prestaciones laborales, enfatizó.

Con esta modalidad, al pagarles menos que a sus empleados permanentes “las empresas se ahorran salarios, prestaciones sociales, indemnización y los costos de producción”, como agua y luz, indicó.

Aunque no existe un registro oficial de “sociedades que contraten trabajadoras que realicen labores de bordado a domicilio”, hay mujeres que tienen al menos 15 años dedicadas a esa tarea, según la investigación presentada recientemente por la Asociación.

Varias de esas mujeres consultadas no quisieron identificarse porque temen quedarse sin su trabajo, que es su única fuente de ingresos, pese a que les deja más costos que beneficios.

“Arely” (nombre ficticio) dijo que ya tiene al menos 15 años de estar trabajando como bordadora desde su casa y que nunca ha recibido ningún tipo de prestación laboral.

De acuerdo a la delgada mujer, madre de cuatro menores, su jornada de bordado se inicia a las 5 a. m. y culmina a altas horas de la noche, rutina que alterna con sus labores domésticas.

Similar situación señaló “Margarita”, quien está esperando a su cuarto hijo.

“Cuando siento que el trabajo no lo voy a sacar, me levanto a las cuatro de la mañana a hacerles desayuno a las niñas que van para la escuela”; luego alterna el bordado con preparar el almuerzo, “y de ahí me vuelvo a sentar hasta la noche”, relató.

“Cuando (las empresas) dicen que les urge, nos toca desvelarnos casi toda la noche”, dijo por su parte “Rosa”, madre de dos niños.

Las mujeres coincidieron en que no tienen capacidad u oportunidades de hacer otro trabajo, y que se ven obligadas al bordado en desventajas laborales por las necesidades de estudio, comida, salud y vestuario de sus familias.

El salario que perciben las bordadoras es variable, ya que depende de varios factores.

Sin embargo, el estudio calculó que el promedio salarial por pieza, en una submuestra de 88 mujeres, es de entre $2,11 y $2,27.

El documento calcula que si elaboran 40 piezas en el mes obtienen un salario de entre $88,40 y $90,80 y de entre $168,8 y $181,6 dólares si son 80 piezas.

Pero, según las mujeres entrevistadas, pueden llegar a ganar $100 en el mes si hacen 40 piezas, aunque eso depende del valor de la pieza, cuyo pago máximo es de tres dólares.

Muchas de las mujeres padecen enfermedades “músculo-esqueléticas” por sus “movimientos repetitivos por largas horas” durante el bordado, y problemas de la vista, indicó Arévalo.

Entre esas enfermedades están: la tendinitis del hombro y osteoartritis cervical, lumbalgia y déficit visual, precisa el documento.

La Organización Internacional del Trabajo aprobó en 1996 el Convenio 177 sobre el Trabajo a Domicilio, que reconoce que las personas que cumplen esa actividad tienen derecho a los estándares mínimos establecidos en la legislación internacional.

El acuerdo solo ha sido ratificado por diez países, entre ellos Argentina, el único de Latinoamérica, detalla el estudio.

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