Economía

A crear puestos de trabajo, no propaganda

Actualizado el 24 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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A crear puestos de trabajo, no propaganda

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Periodista Robert Samuelson
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Periodista Robert Samuelson

La gran virtud del reciente informe sobre el salario mínimo de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) es que inyecta una muy necesaria dosis de realidad en el debate sobre la creación de fuentes de trabajo. El gobierno de Obama y sus aliados del Congreso han adoptado la postura de que elevar el salario mínimo casi un 40% tendrá un leve efecto adverso, y tal vez ninguno, sobre los puestos de trabajo. La CBO rechaza esa opinión como poco probable. La brecha entre la afirmación del Gobierno y los plausibles resultados revela incoherencias mayores en el alarde de la Casa Blanca de que la creación de puestos de trabajo es una alta prioridad económica.

Bajo dicha propuesta, el salario mínimo federal se elevaría del actual $7,25 a $10,10, en tres etapas anuales. Los conservadores sostienen que esa medida eliminaría puestos de trabajo —si el Gobierno incrementara el costo de la mano de obra, los empleadores comprarían menos mano de obra— mientras no lograría reducir la pobreza significativamente. En general, el informe de la CBO apoya esa crítica. Éstas son sus principales conclusiones:

--El salario mínimo más alto reducirá los puestos de trabajo en unos 500.000, o un 0,3% del empleo proyectado para 2016. La CBO admite que sus cálculos involucran mucha incertidumbre. La pérdida de trabajo, podría llegar a ser de 1 millón o de casi nada. La cifra de medio millón es la mejor apreciación.

Hasta 25 millones de trabajadores recibirán incrementos salariales, alrededor de 16 millones por debajo del mínimo propuesto y posiblemente otros 8 millones justo por encima. Los incrementos salariales aumentarán los ingresos de familias que están en la pobreza en un 3%, o $300 anuales. El efecto queda amortiguado porque mucha gente que está en la pobreza no tiene empleo y muchos trabajadores de bajos ingresos tienen empleos de tiempo parcial (47%).

Los ingresos más elevados elevarán a unas 900.000 personas por encima de la línea gubernamental de la pobreza en 2016 ($24.100 para una familia de cuatro). Eso representa un 2% de los que se calcula que son 45 millones de pobres. El leve impacto también refleja el hecho de que muchos trabajadores de bajos recursos, presuntamente jóvenes, provienen de familias de clase media, incluyendo el 33% de familias cuyos ingresos exceden tres veces la línea de la pobreza.

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Un gobierno serio en la creación de puestos de trabajo debe sacrificar prioridades para lograrla. Eso es algo que el presidente Obama no ha hecho. En otro informe, la CBO estimó que los subsidios del seguro de salud, en la Ley de Asistencia Médica Asequible (ACA, por sus siglas en inglés; también, Obamacare) no estimularía la iniciativa del individuo para trabajar, lo que resultaría en una pérdida del equivalente de 2,5 millones de trabajadores de tiempo completo en 2024.

La ACA también contiene des-incentivos poderosos contra la contratación de trabajadores de bajos recursos, al requerir que las empresas proporcionen su seguro médico. El oleoducto Keystone es un ejemplo de un proyecto de creación de trabajo que ha sido retrasado por otros motivos.

Hay opciones. Para algunos, la Casa Blanca ha votado en contra de la creación de puestos de trabajo. Naturalmente, trata de ocultarlo. Con respecto al salario mínimo, como era de predecir, la Casa Blanca atacó la calculada pérdida de puestos. Dicha pérdida no refleja “la opinión general de los economistas ... de que elevar el salario mínimo tiene un efecto negativo leve, sino inexistente, en el empleo”, escribieron Jason Furman y Betsey Stevenson, del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca.

Esas conclusiones son propias de un cuento de hadas económico. Muchos estudios encuentran efectos negativos en la creación de empleo. Y lo que es igualmente importante, la CBO muestra –y esta es una contribución real– por qué muchos estudios podrían no ser relevantes para la propuesta actual. El motivo es que el aumento propuesto es mucho “mayor que la mayoría de los aumentos que se han estudiado”. Incluso después de la inflación, probablemente sería de alrededor de un tercio. Además, el mínimo se indexaría por la inflación, elevándose automáticamente con los precios. Eso, también es nuevo.

Todas esas diferencias sugieren un efecto mayor en los puestos de trabajo, dice la CBO. Recortar puestos involucra costos y perturbaciones que las empresas podrían evitar con incrementos pequeños del mínimo –pero no con incrementos grandes–. En forma similar, más trabajadores se verían afectados que en el pasado (alrededor del 10 % de los trabajadores comparados con el 5% para los incrementos desde 1980).

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Finalmente, indexar el mínimo a la inflación implica una permanencia que podría inspirar a las empresas a realizar recortes más profundos en los costos de mano de obra. Las empresas no contratarán empleados a menos que los nuevos trabajadores sean rentables.

Elevar el salario mínimo es más persuasivo como acto político que como política social. La mejor manera de ayudar a los trabajadores de bajos ingresos es expandir el Crédito Fiscal a los Ingresos Ganados (EITC, por sus siglas en inglés), que es un subsidio al salario. Eso eliminaría los desincentivos de la contratación y se concentraría en los beneficios de los trabajadores más pobres. Pero el EITC carece del encanto político del salario mínimo. El salario mínimo es un símbolo de los liberales para mostrar cuánto les importan los pobres –y cuánto desprecian la desigualdad– mientras demuestran la falta de sensibilidad de los conservadores. El Congreso dispensa aumentos de salario a millones de trabajadores, utilizando dólares privados. En cambio, expandir el EITC requeriría los escasos dólares del presupuesto.

Sin duda, los mercados laborales débiles aún reflejan consecuencias de la Gran Recesión. Pero el Gobierno no está ayudando. Necesita un nuevo espíritu: Creen puestos de trabajo; no propaganda.

Robert Samuelson inició su carrera como periodista de negocios en The Washington Post, en 1969. Además fue reportero y columnista de prestigiosas revistas como Newsweek y National Journal.© 2014, The Washington Post Writers Group

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