6 julio, 2015

Pekin EFE Mientras el mundo financiero sigue en vilo la crisis de Grecia, las bolsas chinas andan mirándose al ombligo, ya que sus parques han entrado en una caída libre de dimensiones que no veían desde la recesión de 2008 y que tiene asustados a los inversores internacionales.

Los analistas insisten en que el desplome de los mercados de la segunda economía mundial no tiene relación con Grecia, sino que es síntoma de la volatilidad de las bolsas, acentuada en China por la participación de decenas millones de inversores individuales con escasa formación financiera.

Algunos inversinistas duermen frente a las pantallas que muestran los indicadores bursátiles en Pekín. | EFE
Algunos inversinistas duermen frente a las pantallas que muestran los indicadores bursátiles en Pekín. | EFE

“Esta vez la grave caída de las bolsas chinas no tiene mucho que ver con la situación de Grecia; es principalmente un ajuste interno”, afirma una analista bursátil que prefiere identificarse por su apellido, Xiaolu.

Los mercados chinos vivían hasta hace tres semanas un momento dulce, tras encadenar siete meses de subidas constantes, pero esa racha se les ha atragantado. “Apareció una burbuja que ahora ha causado grandes caídas. Eso ha hecho que los inversores extranjeros pierdan la confianza en si la bolsa china puede seguir creciendo o no, así que muchos han optado por recoger sus ganancias e irse”, explica Xiaolu.

El índice de general de la Bolsa de Shanghái, el principal indicador de los parques chinos, bordeaba en noviembre los 2.500 puntos, cuando inició una larga racha alcista que lo llevó a doblar su valor en siete meses.

El pasado 12 de junio alcanzó su nivel máximo desde 2008, 5.166,35 puntos, aunque desde entonces se ha evaporado un 28,64% de su valor, hasta quedarse en 3.686,92 enteros.

La larga tendencia ascendente de los últimos meses ejerció de efecto llamada para que millones de particulares comenzaran a invertir en bolsa hasta representar casi el 90 % del total.

Como muchos de los aproximadamente 90 millones de inversores individuales son nuevos, no conocieron de primera mano las consecuencias de la crisis de 2008. Además, la escasa o nula formación financiera de la mayoría convierte a los parqués chinos en especialmente sensibles a todo tipo de rumores.

Para el profesor de la Universidad Popular de Pekín Zhao Xijun, estas oscilaciones prueban la falta de conexión entre el mercado bursátil y la economía real.

“No hay ninguna teoría o evidencia práctica que pueda demostrar que en un país la bolsa y la economía real lleven una relación de sincronización. Es un fenómeno general que se da en todo el mundo” , asegura Zhao.

El economista recuerda que en 2010, cuando la tasa de crecimiento de China superaba el 10%, la cotización de la bolsa shanghainesa se encontraba alrededor de unos 2.000 enteros, mientras que este año, en el que la economía china crece un 7%, ha llegado a superar los 5.000.

“La bolsa creció de una manera loca y superó la barrera de los 5.000 puntos. Se creó una burbuja que en los últimas días ha bajado rápidamente” , corrobora Xiaolu.

Los inversores internacionales, una minoría en los parques chinos, están vendiendo sus acciones ante el temor de que su valor siga bajando, añade la analista, quien sospecha que las dudas provocadas por los altibajos bursátiles puedan trasladarse a los intereses extranjeros en otros sectores de la segunda economía mundial.

Sin embargo, Zhao cree que la confianza de las empresas extranjeras en la economía real de China no se alterará por la volatilidad de los mercados.

“Son dos cuestiones diferentes. En China la población tiene poder adquisitivo y existe una gran demanda interna, así que la inversión extranjera no se verá afectada por las bolsas y seguirá entrando”, indicó.

Así, con las bolsas en una caída libre que no parece detenerse, el Gobierno chino ha combinado en los últimos días llamadas a la prudencia con medidas de estímulo que buscan acabar con el pesimismo de los inversores y que muchos temen que puedan echar más combustible a un volátil mercado que ya está en plena efervescencia.