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Actualizado el 02 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Freír un huevo es un proceso simple. Un paso lleva al otro. Pero hay procesos más complejos. En una construcción en marcha, siempre hay varios frentes de trabajo, de manera que mañana por la mañana se tienen varias opciones sobre por dónde abordar lo que hay que hacer, así que conviene que el maestro de obras lo tenga claro desde hoy.

Los viernes nos vamos al descanso con la inconsciente ilusión de que el fin de semana será eterno. Los descansos más largos se ven más afectados por esa ilusión. Y así todos hemos experimentado la “goma o resaca laboral” de ese lunes en que regresamos y no logramos aclararnos por dónde recomenzar.

Hay trabajos complejos, de larga duración. Cuando estamos escribiendo un informe; resolviendo un problema de muchos elementos; haciendo un diseño en el cual hay varias opciones; se han recorrido varios caminos; se han encontrado algunos por donde no se llega a ninguna parte. En esos casos, hasta la interrupción de hoy por la noche para reanudar el trabajo mañana, puede ser perturbadora. Se dice que el sueño es aprovechado por el tejido cerebral para drenar subproductos del trabajo de las horas de vigilia, y a veces por las mañanas, sentimos que no tenemos la misma claridad sobre lo que hay que hacer, que la que teníamos anoche cuando interrumpimos.

Lo que en inglés denominan tocar el suelo corriendo, como cuando nos lanzamos de un bus, es la capacidad de entregarse sin preámbulos a lo que hay que hacer. El mecánico aficionado tiene que ir inventando el procedimiento. El experto, sigue una rutina, un protocolo. Y eso lo hace más eficiente.

Conviene entonces, antes de irnos al fin de semana o a la vacación, tener muy claro, preferentemente por escrito, que es lo que vamos a hacer el día en que regresemos, sobre todos los asuntos que tenemos entre manos. Así las vacaciones no terminarán dos días antes debido a la ansiedad. La atención intensa que tenemos sobre el asunto mientras estamos trabajando en él, se pierde cuando nos alejamos. Al volver, días después, tenemos que empezar de nuevo y eso de una cierta manera causa confusión y resistencia. Encontrar las señales de camino que nos dejamos a nosotros nos devuelve a una intensidad de trabajo como la que tuvimos.

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