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A la segunda ronda

Actualizado el 09 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño, economista.
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Álvaro Cedeño, economista.

Estamos ante un reto descomunal. Se pueden hacer bromas derrotistas. O fantasías irresponsables. O sólidos ejercicios de realidad. Bora reflexionaba con nuestros jugadores de Italia 90 que los suecos no eran superhombres. Tal vez tenían más técnica. Tal vez mejores condiciones físicas. Pero no eran de una naturaleza distinta a los suyos. Cuando el enemigo es descomunal, pensemos en él solo como objeto de estudio y no para convertirlo en un fantasma. Ese punto de partida realista puede servir para construir motivación y confianza.

Cuando los filisteos escogen a Goliat para el combate personal, y los israelitas lo miran, feroz, corpulento, supongo que muchos prefirieron mirar en otra dirección. Pero el desenlace exitoso que resuelve el evento a favor de David, siempre ha sido inspiración para quienes desde la debilidad, la pequeñez, la falta de recursos, tienen que enfrentar un combate desigual. La conciencia de que no hay enemigo chico, alienta al débil. La arrogancia de minusvalorar al oponente, afecta a los fuertes, no a los débiles.

Hay también efectos emocionales que operan en los combates desiguales. Para el fuerte es obligación ganar y eso puede representar una carga que lo lleva a la sobre intención, la cual perturba los resultados. La sensación de que lo que se espera es que perdamos y que todo lo que tenemos que hacer es mejorar esa expectativa, conforta. ¡Se imaginan lo que sentirán los ingleses si logramos llegar al minuto 20 y no nos han anotado¡ Si nos preparáramos para que solo ellos tuvieran ansiedad, jugaríamos con ventaja. Pienso que es más eficaz jugar desde el aquí y el ahora; así que habrá que entrenar a estos muchachos en meditación Zen.

Lo que no podemos enfrentar de igual a igual, habrá que enfrentarlo a base de ventajas comparativas. Para eso hay que invertir en conocer al rival y aclarar y robustecer nuestras ventajas relativas.

La campaña debe ser integral. No solo preparar lo físico sino también lo anímico. “Mens sana in corpore sano”. Que la generosidad y esmero en la preparación, lleve a excederse en los esfuerzos. Alegría en la ejecución. Jueguen para disfrutar, recomendaba Badú. Jueguen como si bailaran por el placer de bailar. No se baila contra nadie. Se baila porque sí. Que el temor no nos quite energía. El temor es un lastre del cual es posible deshacerse. Si vamos a perder, es preferible perder sin temor. La mente fría puede hacer maravillas. Criticar las fantasías; modificar las creencias derrotistas; mostrar esos cambios en un cambio de hábitos; introducirle cambios al lenguaje que subrayen y ejerciten los cambios del corazón.

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Y cultivar en el grupo lo que El arte de la guerra recomienda para el general: las virtudes de sabiduría, sinceridad, humanidad, coraje y el ser estricto. Estos desafíos se enfrentan mejor, con mejores atletas, pero también con mejores seres humanos.

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