Economía

Vida en la empresa

Es posible y necesario trabajar con alegría

Actualizado el 20 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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Es posible y necesario trabajar con alegría

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Se puede elegir hacer las cosas con alegría.

Visualicemos el trabajo que vamos a emprender, como si ya lo hubiéramos terminado. Imaginemos ese muro que vamos a pintar, como el muro reluciente que será. Y el informe que empezamos a escribir, como finalizado y con sus respectivas conclusiones.

Esa imagen del trabajo ya concluido nos envía dos mensajes. Uno, de esperanza, de ilusión, por imaginarnos allá, al final del camino. Otro de ansiedad por el camino que hay que recorrer y por el esfuerzo que hay que hacer, lo cual nos produce una urgencia por terminar; al igual que al inicio de un viaje, tenemos urgencia por llegar al destino, lo cual a veces nos impide disfrutar el camino.

¿Cómo aprovechar esa esperanza y esa ansiedad?

¿Cómo evitar que el impulso positivo que nos da la esperanza, sea de acción apacible, que nos lleve a olvidar el tiempo en el cual tenemos que concluir la tarea?

¿Y cómo evitar que la ansiedad por terminar se convierta en angustia y opaque nuestra creatividad?

La esperanza debe ser un tónico para el camino. No una puerta de escape al llegar. Si vemos la tarea como una pena de prisión a descontar, mal asunto. Entonces, la idea de terminar es la liberación, pero el camino se recorre en sufrimiento. Así, ¿quién querría volver a pasar por estos aros?

La esperanza ha de ser más bien la confianza de que vamos a tener éxito, porque los resultados van a ser abundantes y no apenitas.

La ansiedad debe ser la espuela de la acción para marchar sin detención.

Las tareas tienen un plazo. No podemos entretenernos en ellas para siempre. Una mala función de la ansiedad sería el temor de un mal resultado o a la aversión al esfuerzo que hay que hacer. Para lo primero, recurramos a nuestra experiencia. Si otras veces hicimos el viaje, si otras veces nos enfrentamos a esa o similares tareas, sabemos que vamos a poder concluir exitosamente.

Visualicemos la tarea como un proceso. Al igual que viajar, hacer es una actividad llena de provisionalidad. Cada segundo del recorrido está ahí solo para dar paso al siguiente.

Pero, esa provisionalidad obligada produce unas sensaciones, ocupa un tiempo, ocurre en unos espacios, que no son los acostumbrados. Hay que aprovecharlos por singulares. Más singulares cuanto más singular sea la tarea.

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