Economía

Thomas O. Staggs está bajo escrutinio como próximo en la línea sucesoria del trono del Reino Mágico

El heredero de Disney, aparentemente

Actualizado el 11 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Staggs, conocido por sus mocasines Gucci, es un contador y también un hombre espectáculo natural

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El heredero de Disney, aparentemente

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Un vendedor camina por el Walt Disney World en Florida. Thomas O. Staggs, director ejecutivo de The Walt Disney Co., está bajo escrutinio como posible succesor del CEO, Robert Iger. | EDWARD LINSMIER/THE NEW YORK TIMES

Robert A. Iger buscaba las palabras. Ante los accionistas en San Francisco en marzo, el normalmente espabilado Iger, director ejecutivo de la Walt Disney Co., fue atrapado fuera de guardia por Brooke Ledwith, una inquisitiva niña de seis años de edad. “¿Quién fue la primera princesa de Disney en subirse a un crucero de Disney?”, preguntó, de pie y de puntitas para alcanzar el micrófono.

Como líder de la compañía de entretenimiento más grande del mundo, Iger domina muchos datos, pero la historia náutica de las princesas no es uno de ellos. “¿Tom?”, dijo mientras el público reía nerviosamente. “¿Puedes responder?”

Thomas O. Staggs, quien se convirtió en el ejecutivo N.° 2 de Disney en febrero, ofreció una respuesta satisfactoria desde su asiento en la primera fila. “No pudiéramos elegir a solo una”, dijo a la niña. “Pero Cenicienta definitivamente fue una”.

Durante 25 años, Staggs se ha dedicado a la marca Disney, ya fuera cerrando la compra por $7.400 millones de Pixar en 2006 como director ejecutivo, o bautizando al Tren de la Mina de los Siete Enanos de Disney World, el año pasado, como presidente de parques temáticos.

Ahora Staggs se encuentra bajo un intenso escrutinio como próximo en la línea sucesoria del trono del Reino Mágico. ¿Puede ocuparlo sin turbulencia cuando Iger se retire como se espera en 2018? Es una pregunta tentadora dada la irregular historia de sucesión de Disney.

Disney ha puesto en claro que su ascenso a director operativo no fue una coronación. Así que Staggs debe recorrer uno de los caminos de obstáculos más atemorizadores del Estados Unidos corporativo, trabajando para convencer a los miembros del consejo de que es apto para una tarea casi imposible –seguir las huellas colosales de Iger– mientras continúa subordinado a su mentor. Para 2018, Staggs conseguirá el puesto, posiblemente el más grande de Hollywood, o estará enfrentando el fin de su carrera en Disney.

Como sucede con los príncipes, Staggs tiene su propia lista de logros. En los 12 años que pasó como director financiero, trabajó no solo en el acuerdo de Pixar sino también en la adquisición por $4.000 millones de Marvel Entertainment en 2009. En los cinco años que estuvo como presidente de Parques y Hoteles Disney, Staggs incrementó en más del doble las utilidades operativas de los parques temáticos, a $2.660 millones, y solucionó los problemas mediante un importante proyecto de tecnología de Disney World de $1.000 millones.

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Ninguno de estos éxitos explicó, por completo, por qué Staggs derrotó a otro candidato interno, James A. Rasulo, para convertirse en el contendiente favorito para dirigir Disney, una compañía que es vista como un tesoro nacional por sus muchos fanáticos apasionados.

Una y otra vez mientras dirigía la enorme operación de parques temáticos de Disney, Staggs, de 54 años de edad, probó que comprendía cuán crucial era que las generaciones de consumidores siguieran sintiendo una conexión primaria con la compañía.

Esa es una de las creencias fundamentales de Iger: en un mundo de opciones de entretenimiento infinitas, mejorar y proteger la cálida y familiar marca de Disney debe ser la prioridad N.° 1, incluso por encima de alcanzar rápidamente utilidades.

“Tom conoce Disney y lo que se requiere para hacer a Disney tan especial”, dijo Iger en una reunión de accionistas.

Es una comprensión que va mucho más allá de la capacitación de Staggs para que asumiera como director financiero.

Consideremos su aportación creativa para una próxima adición de $500 millones inspirada en “Avatar” en el Animal Kingdom de Disney en Florida. En 2011, Iger y Staggs desayunaron con James Cameron, el director de “Avatar”, y Jon Landau, quien produjo la película. Estaba discutiendo un acuerdo para hacer de “Avatar”, que reunió $2.800 millones mundialmente, parte del parque temático de los Hollywood Studios de Disney.

De la nada, según Landau, Staggs lanzó una idea más ambiciosa: ¿Qué tal si en vez de eso se añadiera toda un área de “Avatar” a Animal Kingdom, un parque con temática ecológica que sorprendiera?

“Fue Tom quien tuvo la visión de decir: 'Quizá esto no es solo parte de un recorrido por los estudios, pensemos más en grande’”, dijo Landau. “Tom no va a gastar el dinero de Disney de manera frívola. Pero es capaz de tomar la mejor decisión creativa pese a no ser la decisión más económica, y eso es crucial para Disney”.

Landau añadió: “No se llega a dirigir Disney si se es un contador”.

Maestría en administración con imaginación. En el papel, Thomas Owen Staggs es un contador. Esa percepción condujo a una reacción de desilusión en las filas creativas de Hollywood cuando fue ascendido en febrero: Oh, grandioso, otro magnate del entretenimiento con experiencia limitada en los fundamentos del entretenimiento.

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Después de obtener su título de maestría en Stanford, Staggs, quien declinó ser entrevistado para este artículo, trabajó en el banco de inversión Dain Bosworth y después en Morgan Stanley. Se unió a Disney en 1990, ayudando a negociar acuerdos como la compra de Capital Cities/ABC por $19.000 millones en 1995.

Staggs, conocido por sus siempre presentes mocasines Gucci, es también un hombre espectáculo natural. Algunos incluso le llaman un guasón.

En 2011, apareció en el escenario en una convención de fanáticos de Disney usando un arete llamativo que le colgaba hasta el hombro, una referencia para los conocedores al estilo colorido de Joe Rohde, el creativo de Disney que encabeza el diseño del parque de “Avatar”.

Algunos conocedores de Disney sospechan que la disposición de Staggs a mostrar un lado cordial y extravagante fue un esfuerzo calculado para diferenciarse de Rasulo, que no es conocido por su estilo desenfadado.

La sucesión de Staggs no está asegurada. El consejo de Disney ha puesto en claro que aún debe probar que posee lo que se necesita para ser director ejecutivo.

La verdad sea dicha, Staggs tiene algunas abolladuras en su armadura. No se ha hecho un firme aliado de Isaac Perlmutter, el director ejecutivo de Marvel, abierto simpatizante de Rasulo.

Y la disposición de Staggs a gastar más para potencialmente ganar más, como con el área de “Avatar”, también inquieta a algunos inversionistas, particularmente a aquellos a quienes les preocupa que la operación de los parques esté demasiado expuesta a factores fuera del control de Disney: amenazas de seguridad o crisis económicas.

Staggs tendrá muchas oportunidades para probar que es digno del puesto, o no, en los próximos tres años.

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