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Vida en la empresa

¡Que seas feliz!

Actualizado el 30 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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¡Que seas feliz!

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Álvaro Cedeño, economista.
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Álvaro Cedeño, economista.

Hablamos poco de felicidad. Muchos piensan que no es un objetivo que pueda ser traducido a metas. O sea que no es una aspiración operativizable. Los cultores de la psicología positiva piensan que sí lo es.

Aprendamos de nosotros mismos lo que nos hace felices y comprometámonos con ello.

De otra manera, otros nos prescribirán qué es lo que debería hacernos felices. Distingamos primero entre placer, contentera, alegría y felicidad.

Cuando tenemos sed y bebemos agua, sentimos placer. Cuando el equipo de nuestras simpatías gana, estamos contentos.

El nacimiento de un ser querido nos produce alegría.

La felicidad parece ser una situación más endógena y más estable que lo anterior.

Produce felicidad un trabajo que se ajuste a nuestros gustos. Unas relaciones interpersonales que nos confirmen y nos permitan el desarrollo mutuo. Unas acciones coherentes con nuestros valores, como cuando la persona que valora la generosidad, es generosa; o quien valora el enseñar, enseña. Encontrar el sentido es descubrir aquello por lo que vale la pena dar la vida.

Cada uno de nosotros es un conjunto de rasgos físicos, cognitivos, afectivos, espirituales, algunos de los cuales entran en armonía con demandas o circunstancias externas. Al violinista, la ejecución le produce algo que lo acerca a la felicidad. El artesano, ante una demanda de su producto, también se acerca a la felicidad. Al maestro, la pregunta interesante, lo lleva también en esa dirección. Convendría pues, examinar cuáles fueron durante el año los eventos, relaciones y situaciones que nos hicieron sentir en lo que se denomina estado de flujo.

Cuando perdemos noción del tiempo y el espacio y nos vemos transportados por el contenido de un intercambio verbal; por la contemplación de una explicación científica o filosófica; por la aplicación de una de nuestras destrezas, cognitiva, estética, afectiva que nos produce gusto aplicar; por la calidez de una situación; o por los frutos que nos deja el contacto con la naturaleza; un rato de sosiego y de intimidad con nosotros mismos; o el contacto con lo trascendente, según lo entienda cada uno.

Cultivar en el nuevo año estas situaciones sin duda nos producirá felicidad o algo muy cercano.

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