Economía

Vida en la empresa

Si cambiamos conceptos, cambia nuestra forma de pensar y accionar

Actualizado el 22 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Si cambiamos conceptos, cambia nuestra forma de pensar y accionar

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A quien dice que pensó algo, le hace bien el comentario ¡Pensaba Einstein¡ Y a quien dice que juega fútbol, recordémosle lo que es jugar bola. Si aclaráramos, precisáramos y cambiáramos algunos conceptos, nuestra forma de pensar y de “accionar”, cambiaría.

Los profesores migrarían desde su idea de enseñar hasta la idea de robustecer la capacidad de aprender del alumno. Comeríamos no como quien se mete alimentos en el tubo digestivo sino como quien se nutre. Los médicos no pensarían en su arte desde la perspectiva de la curación, sino de la promoción de la salud.

Los jefes no querrían mandar, sino liderar. Los gerentes no solo administrarían sino ser innovadores. Las parejas jóvenes no se mirarían como los nuevos dueños de casa, sino como quienes están construyendo un hogar.

Leer no sería ir pasando la vista sobre signos y recibiendo señales interiores, sino ir acomodando unas ideas nuevas entre otras que ya nos son familiares. No buscaríamos soluciones, sino que diseñaríamos formas de satisfacer necesidades. Los vendedores no tendrían como finalidad hacer la venta, sino crear un cliente satisfecho y sostenible.

Uno no andaría por el mundo conociendo gente, sino creando vínculos. No solo tendríamos hijos, sino que seríamos padres. Y daríamos el salto entre el diálogo interno imaginativo hacia el pensamiento ordenado, productivo. No seríamos simplemente corteses sino que nos empeñaríamos en ser cordiales. En vez de simplemente tolerar, seríamos comprensivos con las fallas del otro. Escucharíamos –se escucha con el alma– en vez de solo oír. Viajaríamos en vez de solo turistear. No mediríamos el trabajo en horas, sino en productos. Y a las horas en casa les preguntaríamos si constituyen vida familiar. No buscaríamos poder, aunque sí buscaríamos influencia.

La rezadera la convertiríamos en oración. La inacción nos parecería poca cosa ante el descanso restaurador. No nos contentaríamos con aclarar, sino que intentaríamos esclarecer. En vez de actuar, seríamos auténticos. En vez de hacer, nos expresaríamos. En vez de dejarnos ver a veces, seríamos transparentes. En vez de interesarnos, nos entusiasmaríamos. Y no nos preguntaríamos cuántos fans tenemos sino cuánto contribuimos.

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