Economía

Nueva tendencia apunta a barberías que ofrecen bebidas para fomentar la visitación

¿Quiere una cerveza o un café con su corte de cabello?

Actualizado el 15 de junio de 2015 a las 12:00 am

Para un grupo específico, un capuchino es un acompañamiento natural para un corte de cabello.

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Cada dos semanas, Andrew Livingston, de 22 años, cofundador de una compañía de ropa para caballeros en Brooklyn, sale del trabajo y se dirige a su casa, pero se detiene a tomar algo “ya sea un vaso de cerveza clara o un exprés”, en un lugar donde es típico que encuentre tipos que piensan como él.

Su destino: la sucursal de Blind Barber en Williamsburg, donde se ofrecen cortes de cabello junto con 10 variedades de cerveza, incluidas cuatro de barril, y capuchinos preparados con café Blue Bottle en una espaciosa cafetería adyacente al espacio de la peluquería. Además de servirle su orden de bebidas, a Livingston le cortan el cabello en un sillón retro de peluquería.

“Es un sitio agradable para tomar un respiro”, dijo. “Para los hombres, en especial en lugares como Nueva York, es importante tener un entorno como ese, donde solo puedes librarte del estrés, relajarte y platicar, comentó..

Steve Marks (izq.) es el propietario de Persons of Interest, y Dillon Edwards el fundador de Parlor Coffee. Aunque estaban en decadencia, las barberías han tomado un respiro al ofrecer  bebidas. | THE NEW YORK TIMES.
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Steve Marks (izq.) es el propietario de Persons of Interest, y Dillon Edwards el fundador de Parlor Coffee. Aunque estaban en decadencia, las barberías han tomado un respiro al ofrecer bebidas. | THE NEW YORK TIMES.

El cofundador de Blind Barber, Jeff Laub, dijo: “No solo se trata de ganar $3 en un café. Se supone que el café inicia la conversación, desarrolla una amistad y, luego, con suerte, enciende algo más”.

La peluquería y café es una tendencia en aumento. Alon Gratch, un psicólogo clínico que escribió If Men Could Talk: Translating the Secret Language of Men , dijo que esos lugares “parecen nuevos ya que brindan espacio para la conversación”. “Es puentear la brecha un poco y moverse en la dirección de lo que hacen las mujeres, pero en un forma más exclusiva, la ‘forma masculina’”, explicó. “Los otros sitios tradicionales para que se reúnan los hombres son los bares, que son muy ruidosos, así es que no hay un potencial real para la conversación, o las actividades deportivas, que tampoco se prestan para platicar”.

En sentido estricto, estos establecimientos no prohíben la entrada a mujeres, pero la mayoría programa citas a intervalos estrechos para acomodar cortes de cabello rápidos. Es típico que den espacio prominente a las afeitadas a navaja y recorte de barba en su concisa lista de servicios.

Al atender en particular a una clientela preocupada por la moda, estos establecimientos tienen precios varias veces más altos que los de la peluquería tradicional para caballeros, sin citas, y la decoración tiene más cosas en común con un restaurante de la granja al consumidor o una boutique de ropa para caballero que con un salón de belleza (excepto por la prominente exhibición de tijeras, peines y frascos de vidrio de Barbicide).

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Aun cuando parecería que los peinados y comestibles no tienen mucho en común, para un grupo demográfico específico, un capuchino preparado con granos cultivados éticamente y tostados localmente es un acompañamiento natural para un corte de cabello de gran categoría. “Definitivamente, se trata del mismo grupo de clientes”, dijo Steve Marks, dueño de Persons of Interest, una peluquería que se unió a Parlor Coffee para servir café exprés en su sucursal en Williamsburg.

“Todo es una sola cosa. Las personas que van a hacerse un gran corte de cabello son las mismas que son aficionadas al mejor café”. Como lo expresó el fundador de Parlor Coffee, Dillon Edwards: “El tipo que gasta $45 en un corte de cabello también gasta $5 en una taza de café”.

Aun en los barrios saturados de cafeterías y peluquerías, siguen apareciendo nuevas combinaciones de negocios parecidos que han adquirido las licencias necesarias para café y licor. En marzo, Cotter Barber abrió en Brooklyn, con todo y su máquina manual para exprés La Marzocco, colocada en un mostrador reciclado de madera al frente y cuatro sillones de peluquero antiguos en la parte de atrás.

En su local en Williamsburg, Fellow Barber introdujo el servicio de café en febrero. Ambas cafeterías y peluquerías obtienen los granos con tostadores artesanales (Four Barrel Coffee de San Francisco y Tandem Coffee of Portland, en Maine).

La combinación de peluquerías con bebidas se extiende mucho más allá de Brooklyn. En Toronto, por ejemplo, hay un bar dentro de Rod, Gun & Barbers, donde también se fomenta fumar puro en San Francisco; Peoples Barber & Shop sirve cerveza fría, al igual que Duke Barber Co. en Filadelfia. The Modern Man, una cadena de cinco peluquerías en Portland, ofrece cerveza y bourbon de proveedores locales. Fellow Barber planea agregar un bar en su sucursal en Detroit.

En los años previos a la llegada de la nueva variedad, la popularidad de las peluquerías estaba decayendo. Según Encyclopedia of Hair: A Cultural History , entraron en crisis a mediados de los 1960 y miles tuvieron que cerrar.

En los 1990, libros como “The American Barbershop: A Closer Look at a Disappearing Place”, por Mic Hunter, y “The Vanishing American Barbershop: An Illustrated History of Tonsorial Art 1860-1960”, por Ronald S. Barlow, indican que, prácticamente, estaban acabadas. “Se las asociaba con una generación de hombres de la posguerra” ya fuera de la Primera Guerra Mundial o de la Segunda, “que usaban el cabello muy corto, de estilo muy corporativo”, comentó Allan Peterkin, un profesor de psiquiatría en la Universidad de Toronto y autor de tres libros sobre el acicalamiento masculino.

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“Luego entras en los sesenta con los jipis y los setenta con los bigotes de moda. En los setenta y ochenta, empezabas a ver más salones unisex, cuando los hombres se hacían cortes de cabello más complicados, y pensaban que el peluquero no sabía hacerlos. Hoy, muchos hombres usan el cabello corto; los sofisticados lo usan muy pero muy corto, aunque la barba sea tupida, así es que es un retorno a peinados más cortos; los peluqueros siempre fueron los mejores para esos cortes”.

Jon Wilde, editor de artículos en GQ que vive en Brooklyn, dijo que el café-peluquería está “haciendo que ese corte de cabello se sienta como una experiencia y no como obligación. Estos lugares nos están moviendo lentamente hacia esa etiqueta del momento para ‘consentirse’, en el que no molesta cuidarse uno mismo un poquito”. “Sí, puede ser que el corte de cabello sea un poco más caro”, dijo, “pero, si quieres, puedes tomarte una cerveza y te atienden muy bien”.

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