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Mejores temas: como país dedicamos poco a lo importante

Actualizado el 30 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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Mejores temas: como país dedicamos poco a lo importante

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Dice Emerson que un hombre es lo que piensa todo el día. Podríamos decir que una nación es lo que más ocupa su atención. Si midiéramos la importancia de los asuntos por el tiempo que les dedicamos, y tomamos la muestra en los noticieros de televisión, podríamos afirmar que el problema principal de Costa Rica son las muertes violentas.

Lo cotidiano, lo que tiene relación con el qué hacer, consume más tiempo que lo trascendente, lo conceptual, lo que tiene relación con qué es lo mejor, lo de más impacto a largo plazo, lo que nos desarrolla.

Eso ocurre tanto en la esfera individual como en la nacional y nos resta energías para mejorar. Dedicamos más tiempo a los episodios de la crónica parlamentaria que a pensar en la necesidad de gestionar políticas de estado. Más a la aritmética de votos que a la manera de lograr acuerdos.

Los nombres de los eventuales candidatos son más conocidos que los elementos distintivos de sus ofertas de valor.

Hay más conocimiento sobre cuáles jugadores han sido llamados o desllamados a la Sele, que sobre los planteamientos estratégicos de la dirección técnica.

Los millenials, han visto más gobernantes que estadistas. En las empresas hay más preocupación por la productividad que por la sostenibilidad. Los estudiantes universitarios parecen más preocupados por el diploma que por la adquisición de robustas destrezas intelectuales.

La democracia se nos ha convertido en un ejercicio cuatrienal de votación y no vemos los esfuerzos deliberados por promover la convivencia constructiva. Nos esperan meses de debate sobre déficit fiscal y la aritmética de cómo conjurarlo. Reflexionaremos menos sobre las consecuencias económicas y éticas de la política fiscal subyacente. ¿Cómo elevar la trascendencia de los asuntos que nos ocupan? Eso, en parte, es educar. Lo pueden hacer los padres de familia, los docentes, los conductores de empresas, los formadores de opinión, los medios de comunicación.

Para ello, hay que anteponer la importancia al sensacionalismo, la profundidad a la trivialidad, el rigor a la complacencia, el esfuerzo serio al facilismo. Y que cada uno nos propongamos una agenda de mejoramiento permanente de la temática de la cual nos ocupamos todo el día.

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