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Ingeniería de mudanza

Actualizado el 05 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Los expertos en tecnologías de la información están más acostumbrados a la migración de datos que a la MIGRACIÓN ECONÓMICA. Sin embargo, con los despidos en Intel y Bank of America en Costa Rica, algunos fueron recontratados en el extranjero. Tres profesionales cuentan cómo se vive una mudanza en tiempo récord

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Ingeniería de mudanza

Ivannia Martínez estrenó la planta de Intel en Costa Rica. A sus 25 años, el futuro esperaba a la ingeniera en Electrónica, aquel 8 de abril de 1997, en su primer día de trabajo en aquella industria rara. En aquel momento, los costarricenses lo veían casi como si la NASA hubiera puesto una sucursal en el país. Vinieron los microchips a la nación cafetalera, e Ivannia estuvo ahí para verlo.

La empresa trajo un torrente de inversión en billetes, claro está, pero también en oportunidades de conocimiento.

No es difícil imaginar qué significó aquella contratación para una veinteañera que se había decantado por una carrera en tecnología.

El pasado 8 de abril –exactamente 17 años después de que empezó a trabajar en Intel–, Ivannia se enteró de que sería despedida, como parte de la salida masiva de 1.500 empleados por el cierre de una parte de las operaciones de la empresa en Costa Rica.

“Cuando nos avisaron, yo estaba fuera del país porque debía representar a mi jefe en una reunión. Así recibí esa noticia. Uno piensa qué va a hacer. Hay mucho estrés porque se trata de un trabajo ganado con mucho esfuerzo y especialización”, contó la ingeniera.

La ansiedad por el despido fue mucha, pero duró solo por dos horas. Aquel mismo día, sonó su teléfono con ofrecimientos para una profesional con sus cualidades en plantas de Intel, en el extranjero.

A partir de ese momento, la ansiedad de vivir en su país sin trabajo cambió por otra: la de vivir con trabajo sin su país.

Por esta misma intranquilidad pasaron otros 94 empleados de la planta quienes aceptaron ser “relocalizados” en otras geografías: Estados Unidos, países de Europa y Asia.

Para aquellas mismas fechas, cuando se anunciaron los despidos en Intel, estalló la noticia de que otros 1.300 empleados quedarían sin trabajo por el cierre de las operaciones del Bank of America en Costa Rica.

Al igual que en la industria tecn

ológica, a un puñado de ingenieros de esa compañía se le ofreció seguir en la empresa fuera del país.

Todos ellos, y sus familiares, debieron abortar sus planes inmediatos en el país y reinicializar la máquina de sus vidas en otro idioma. ¿Cuánta vida les cupo en una maleta hecha a la carrera?

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Destino: Ohio

“Mi familia no ha podido viajar porque una niña se quebró un brazo, pero viajarán cuando todo esté bien (…). Sus transferencias a las nuevas escuelas están listas, tengo todo ordenado para cuando vengan, todo va bien”.

Así responde el ingeniero industrial Eduardo José Bolaños P. durante una entrevista telefónica en la que mostró una envidiable capacidad de recabar información objetiva para tomar una decisión tan compleja como mudarse con su familia fuera de Costa Rica.

De hecho, este pragmatismo –estereotipo con el que solemos etiquetar a los ingenieros– es común en todos los viajeros con los que conversamos acerca de su traslado laboral fuera del país.

Este ingeniero compartió detalles sobre su travesía de la planta de Intel de Costa Rica a otra ubicada en Oregon –al norte de los Estados Unidos–, en la ciudad de Hillsboro, donde vive ahora tras el cierre de su puesto.

En tierras norteamericanas, su labor transcurre como parte del equipo de la Unidad de Investigación y Desarrollo, puesto donde realiza un último control de prototipos de chips y dispositivos que están en su etapa final para su posterior fabricación y lanzamiento al mercado mundial.

Bolaños reconoció que fue duro aceptar un puesto sin saber cuándo regresará: “La decisión no es fácil, no se toma instantáneamente. Con mi esposa, duré varias semanas en definir este cambio”, dijo el ingeniero, quien está casado con la abogada Alejandra Hevia y, juntos, crían a sus hijas Aitana (nueve años) y Miranda (seis).

“Les compartimos todo a las niñas, algunas cosas las entienden, otras no; pero, les hemos explicado bien todo lo que va pasar al dejar Costa Rica”, detalló.

"Ya habíamos vivido en Arizona durante dos años y medio por una transferencia a una planta de Intel en ese Estado: nos adaptamos muy bien y lo disfrutamos mucho; pero la experiencia fue totalmente diferente porque, primero, aún no teníamos a las niñas y, segundo, se trataba de algo con un plazo definido: sabíamos que volveríamos a Costa Rica", Eduardo Bolaños, ingeniero industrial

Su esposa no ejerce como abogada, en este momento, y no podrá retomar su profesión en el futuro por los engorrosos requisitos exigidos en Estados Unidos para los profesionales en leyes.

Sin embargo, a pesar de ese cambio, la principal preocupación de la pareja consistió en el futuro de sus niñas.

De hecho, este ingeniero escogió un puesto de trabajo en un lugar que garantizara una excelente educación para Aitana y Miranda.

“Buscamos escuelas o distritos escolares con muy buena educación, así definimos adónde íbamos a vivir en Estados Unidos”, detalló.

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La pareja investigó por largo tiempo sobre calificaciones de escuelas, para tomar la decisión sobre cuál distrito escolar escoger para mudarse a una planta de Intel, en Estados Unidos.

Por supuesto que esperan lo mejor, pero, por ahora, su futuro se está escribiendo.

A Sillicon Valley

Ivannia Martínez Alvarado no se reserva detalles cuando relata lo que significó este cambio reciente en su vida.

¿Por qué dejaría la casa familiar –recién remodelada– en la que vive con su esposo Juan José Arias y sus gemelos, Juan Diego e Irene, de 12 años? ¿Por qué pasar por la molestia de vender los carros, recién comprados, y por los cuales pagan todavía una deuda?

En fin, ¿por qué trasladar su vida completa a otro norte, en forma indefinida?

Todo se remonta a aquel largo 8 de abril cuando Intel anunció su cierre parcial de operaciones en Costa Rica.

En ese momento, esta profesional de 42 años encontró un oasis de paz cuando llamó a su esposo: “Mi marido me dijo que no dudara en tomar la oportunidad, me reiteró que contaba con todo su apoyo para esa decisión. El apoyo familiar es algo realmente importante”.

Al igual que su compañero, Eduardo Bolaños, ella sopesó las ventajas que le ofrecían varios puestos y las oportunidades de educación para sus hijos.

De esa manera, esta ingeniera del Instituto Tecnológico de Costa Rica comenzó a hacer sus maletas, mascota incluida, para trasladarse a Santa Clara, California, a las oficinas de Intel en el famoso Sillicon Valley.

“Me traje a la cachorra que le regalamos a los niños en diciembre. Canela está con nosotros, no podía quitarles a su mascota; igual, yo amo a los perros”, contó.

En su nueva casa, su esposo asumió el cuidado de los hijos y las tareas domésticas.

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(Karen Murillo)

"Resulta difícil (hacer todos estos cambios), pero mi carrera es importante y, si quería seguir con ella, la única opción era tomar esta oportunidad", Ivannia Martínez, ingeniera en Electrónica

“Mi marido es ingeniero agrónomo dedicado a su negocio en la finca. Antes, cuando yo salía por uno o dos meses, él nunca podía acompañarme; ahora, su negocio de productos orgánicos es sólido, lo que le permitía viajar conmigo acá, en donde buscará nuevos mercados”, explicó.

Esta ingeniera tiene ahora un puesto de mánager técnico: le provee los componentes necesarios a una nueva unidad de negocio de Intel la cual diseña y fabrica productos, como pulseras, audífonos y relojes que pueden usarse para medir pulsaciones, como las cardíacas. Su propio corazón, ahora mismo, apenas se empieza a estabilizar.

Cuando mira hacia atrás, surge la nostalgia. “Este es un cambio duro, no lo puedo negar. Yo me apego mucho a las cosas: vaciar la casa entera; dejar a dos perros (de hecho, ambos murieron porque ya eran muy viejos); no ver más a mi hermana y a mi madre, a quienes tenía de vecinas… Todo resulta difícil; pero mi carrera es importante y, si quería seguir con ella, la única opción era tomar esta oportunidad”.

Hacia Dallas

Alejandro Marín, de 37 años, es un tipo racional, acostumbrado a diseccionar los problemas hasta sus últimos detalles para encontrar una solución. Él tiene un perfil profesional que mezcla responsabilidades en Ingeniería Informática, Estadística y Administración.

¿Cuál fue su máximo problema que se le presentó este año? Él fue una de las personas despedidas en Bank of America (BOA); sin embargo, se le ofreció un puesto para que siguiera trabajando en Dallas, Texas. La oportunidad llegó menos de una semana antes de que contrajera matrimonio, en junio pasado.

Pasar de la vida en soltería a la matrimonial ya es un cambio importante; empezar una vida juntos y en otro país es todavía más retador.

"La noticia de mi despido vino en el momento en el que estaba planeando mi matrimonio, para  junio. Entonces, a lo que me enfrenté primero fue a un carrusel emocional: 'Voy a iniciar mi vida matrimonial con un escenario inminente de desempleo'", Alejandro Marín, ingeniero de Sistemas.

Sin embargo, él y su esposa, Jessica Salas, decidieron dar juntos esos dos pasos, con toda la ansiedad que podría generar la perspectiva de la nueva vida.

“En la gran mayoría de las situaciones es mucho más difícil contemplar el problema que resolver el problema. Es decir: el monstruo se ve mucho más grande cuando lo ves de lejos que cuando te lanzás sobre él”, dice Alejandro.

La pareja ya tiene casi un mes de vivir en Dallas. Alejandro reconoce que la mayor carga emocional la ha tenido que llevar Jessica, pues no solo dejó en Costa Rica a su familia, sino un trabajo en el que, por fin, después de varias malas experiencias laborales, se sentía a gusto.

Por lo pronto, la pareja también ha debido postergar la decisión de tener hijos, al menos hasta estabilizarse en su nuevo hogar.

“Tengo muy claro que, desde un punto de vista emocional, lo único que me queda es seguir a flote sobre ese mar revuelto, para poder aprovechar esa isla bonita que se ve al final”, dice Alejandro. Él reconoce que, tal vez, en unos dos meses podrá darse el lujo de tener una descarga emocional.

Claro que casos como los de Ivannia, Eduardo y Alejandro son los de empleados afortundados –entre miles de despedidos– que pudieron seguir con un empleo en su compañía, seguramente, con mejores oportunidades. Sus empresas incluso les dan las mayores facilidades para su adaptación en la nueva geografía; una situación muy distinta a las precarias situaciones de la mayoría de los migrantes económicos.

Sin embargo, para ellos, la noticia de un cambio en la vida es más cercano a un cambio de vida: algo que ni siquiera estaba en sus mapas cuando empezó el año.

Todos quieren mantener su contacto con Costa Rica, y su plan es hacer viajes de visita. Sin embargo, todavía es temprano para saber cuándo se dará el regreso definitivo, e, incluso, si se dará alguna vez.

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