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Gremios e hidalguía

Actualizado el 26 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Quienes conducen una huelga quieren lograr unos objetivos y, además, robustecer su liderazgo. Es natural que nadie quiera jugarse el liderazgo a cambio de unos objetivos.

El liderazgo se robustece si en la lucha por los objetivos, los seguidores no solo ganan al alcanzarlos, sino que además lo hacen de tal manera que su imagen social mejora.

A eso contribuye la hidalguía: hubo una lucha apretada, se lograron los objetivos, pero los ganadores nunca hicieron nada que pusiera en entredicho su señorío.

Cuesta entender la huelga de maestros. Su reclamo objetivo es incuestionable. Todo trabajador tiene derecho a cobrar su salario completo puntualmente. Pero existen contingencias que pueden hacer imposible la satisfacción de un derecho por legítimo que este sea. En este sentido, esta huelga, además de los perjuicios que acarrea para niños y jóvenes, muestra algunos destellos de intransigencia que erosionan la imagen de dirigentes y seguidores.

Cuando se trata de arriesgar la imagen o el capital político, se hace una valoración de riesgo: qué es lo que vamos a ganar a cambio de lo que vamos a arriesgar.

Si las autoridades gubernamentales desde un inicio mostraron su empatía y ofrecieron soluciones, al mantener la huelga se podría pensar que se está arriesgando imagen o capital político a cambio de nada. A cambio de algo que se había logrado desde el inicio.

Y yendo más allá, hay unas oportunidades desperdiciadas. Crecería el capital político de unas entidades gremiales que una semana antes del cambio de gobierno hubieran hecho público el problema y hubieran señalado que a pesar de tener la fuerza necesaria, le hacían el homenaje al país de buscar una negociación sin recurrir a la huelga.

Es posible que hubieran logrado lo mismo que finalmente van a lograr, pero las circunstancias políticas del momento eran propicias para que ese gesto se convirtiera en fuente de reconocimiento a la hidalguía.

Les falló el llamado pensamiento paradójico y siguieron el camino de la extorsión. Se olvidaron del ganar-ganar y recurrieron al conocido pulso.

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