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Educar para cuál futuro

Actualizado el 13 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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Educar para cuál futuro

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Se iniciaron las clases. Posiblemente los estudiantes han recibido reflexiones motivadoras de sus padres. O de los maestros. Pero la hablada tonificante, generalmente tiene un efecto poco duradero. La motivación auténtica, viene de dentro. Motivar no es convencer ni manipular. Motivar es mover. Y nos movemos desde dentro.

La más poderosa fuente de energía está en lo que nos da la gana. Hay que tratar de entusiasmar al estudiante. Pero en cuanto vaya siendo mayor, hacerlo consciente de su responsabilidad.

Ahora oyen decir los estudiantes, que hay graduados universitarios que no encuentran trabajo. Posiblemente escuchen sobre la Cuarta Revolución Industrial que está transformando los empleos y hasta las profesiones, lo cual contrasta con la hablada paterna de que deben estudiar para obtener un machetico. Eso fue cierto hace años. Ya no lo es más. A no ser que califiquemos lo que quiere decir un machetico.

El producto de la educación formal, deseado o no, planeado o no, ha sido la madurez personal, la cual tiene que ver con la capacidad de juzgar. Y una vez juzgado, con la capacidad de decidir. La educación formal transforma nuestro intelecto, no porque nos provea de mucha información, sino porque desarrolla nuestra capacidad de formular juicios. Y nos hace conscientes de la responsabilidad que tenemos de ejercer nuestra libertad.

La educación formal nos capacita para el mundo laboral, pero lo más importante es que nos capacita para la vida cotidiana. Para establecer relaciones interpersonales; distinguir lo bueno de lo malo; lo funcional de lo disfuncional; para predecir consecuencias; para huir de razonamientos simplistas; para ser más libres y juiciosos.

Desde el punto de vista laboral, nos enfrentamos con un mundo en el cual un alto porcentaje de los empleos que se encontrarán los jóvenes en diez años, aún no existen. Por eso, capacitarse para un empleo a secas, aunque se trate de ocupaciones complejas (medicina o ingeniería), es apuntar en la dirección equivocada. Hay que capacitarse para tener potencial para las actividades, empleos y profesiones que aún no existen. Eso es posible. Y es lo que la sociedad debe exigir de su sistema educativo.

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