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Álvaro Cedeño: 65 años de la Constitución

Actualizado el 27 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño: 65 años de la Constitución

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Un ecosistema es un conjunto de seres que –proponiéndoselo o sin proponérselo– producen circunstancias propicias para la supervivencia de todos. Es la tierra propicia, el árbol, sus flores, las abejas, los frutos, los pájaros, el hombre, todos tejiendo un espacio donde se puede vivir.

De nuestro ecosistema nacional, forma parte la Constitución Política, cuyo propósito es tejer un espacio donde se pueda vivir, solo que a diferencia del ecosistema biológico, la finalidad de la Constitución es que ese espacio promueva, o al menos no obstaculice, la eficacia y la felicidad de los habitantes.

Un repaso rápido de esa ley fundamental permite encontrar rasgos que hacen que nuestra vida como país, propicie el florecimiento y posibilite la felicidad. A eso contribuye, por ejemplo, que la soberanía resida en la nación. Y que el país esté conformado como una república democrática. Que se cuente con una sala especializada que custodie la Constitución. Y que tenga proscrito el ejército.

En este país, los funcionarios públicos son simples depositarios de la autoridad; sus potestades están limitadas por la ley y están obligados a dar pronta resolución a las peticiones de los habitantes. Todo ser humano es libre y su vida así como su domicilio, sus documentos privados y sus comunicaciones, son inviolables. Existe el derecho de reunión.

Podemos emitir nuestras opiniones sin ser inquietados ni perseguidos. Comunicar nuestros pensamientos y publicarlos sin censura previa. Y tenemos derecho a solicitar información a las oficinas públicas. Todos somos iguales ante la ley y a los costarricenses nunca se nos podrá pedir que abandonemos el territorio nacional.

En este país las leyes no podrán tener efecto retroactivo. Nadie podrá ser detenido sin un indicio comprobado de haber cometido delito, ni sin mandato de un juez, ni juzgado por un tribunal especial. Ni sometido a tratamientos crueles y degradantes ni a penas perpetuas. Nuestras propiedades son inviolables.

Vaya esto en homenaje a los 65 años que cumple nuestra Constitución, el próximo 7 de noviembre, a los diputados constituyentes y al expresidente Luis Alberto Monge, el único de ellos que está entre nosotros.

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