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Álvaro Cedeño: Naturaleza y cognición

Actualizado el 13 de julio de 2015 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño: Naturaleza y cognición

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Los niños que están expuestos a la naturaleza, dentro y fuera de la escuela, muestran un mejor desarrollo cognitivo, dice una nota en este periódico edición del 4 de julio 2015. Aunque luego queda la ambivalencia de si la causa es el contacto con la naturaleza o la menor contaminación existente en espacios más verdes.

Dos datos. Siempre llamó mi atención que cuando un participante de mis grupos, ya fuera estudiante o ejecutivo, mostraba habilidad para salirse de la caja o buena disposición para la acción eficaz, cuando indagaba sobre eventos de su historia personal, con frecuencia salían una de dos cosas: niñez en un medio rural o años en el movimiento Scout.

Mi explicación sobre lo primero, iba más o menos así. El medio urbano es un medio de líneas rectas, ángulos rectos, superficies planas, grupos organizados para entrar o salir del trabajo o del bus, horarios regidos por el reloj, mayor certidumbre.

El medio rural dista de todas esas rigideces y cuenta con más eventos espontáneos: los torrentes discurren; no van entubados.

Los pájaros se bañan en la lluvia y no en el recipiente que les ponemos en el jardín.

El ejercicio de física elemental que se hace para asirse de una rama para perder peso y poder alcanzar la fruta distante, no se puede hacer en el gimnasio.

Hoy entiendo que todas esas estimulaciones procedentes de la adaptación a un entorno multivalente, son insumos que por medio de la neuroplasticidad cerebral, provocan conexiones neuronales múltiples y diversas.

Sobre lo segundo, me parece que un programa de formación que tenga como medio la naturaleza y como fin que el participante utilice su iniciativa en presencia de ella, de una cierta manera es el marco ideal para la emergencia y fortalecimiento de virtudes de trabajo creativo en equipo.

En ambos casos las oportunidades de enfrentar situaciones no estructuradas y de resolverlas con los medios que se encuentren a la mano, son más frecuentes. Y constituyen un ejercicio de iniciativa y de innovación que son el sueño de quien quiera desarrollar esas actitudes en estudiantes o ejecutivos.

No todos podemos ser scouts, pero sí podríamos con alguna frecuencia abandonar la acera de concreto para transitar por el trillo irregular, sombreado a ratos, soleado en otros, poblado de sonidos singulares, pleno de oxígeno, lejos de las pantallas y de los sonidos electrónicos.

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También podríamos hacer el ejercicio de resolver ciertos retos prescindiendo de los abundantes medios de que disponemos como tomar un líquido sin contar con un vaso o pelar una fruta sin contar con un cuchillo.

Así tal vez los lunes nos encontrarían en una mejor disposición y los viernes serían el día para alistar la mochila y no para ponernos de acuerdo sobre el sportsbar del sábado a medio día.

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