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Álvaro Cedeño: Metáfora de la carrera

Actualizado el 14 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño: Metáfora de la carrera

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Hay una carrera en la cual gana quien la completa, logrando lo mejor que pueda lograr con su vehículo y disfrutando al máximo del recorrido.

El recorrido, según se lo perciba, puede ser muy disfrutable, aburrido o desagradable.

Hay que aprender a percibir lo disfrutable porque, de otra manera, no se cumplirá con el requisito de disfrutar el recorrido. Los vehículos son todos diferentes. Aun los que parecen iguales, son diferentes.

No son vehículos producidos en serie. Cada uno es hecho a la medida.

Hay algunas especificaciones sobre cómo construir un buen vehículo, pero finalmente cada vehículo acaba siendo el resultado complejo de disposiciones innatas de quien lo construye y de las circunstancias que va encontrando en el proceso de su confección.

Hay vehículos cuyo proceso de construcción ha tardado veinte, cuarenta o más años.

Los vehículos no compiten entre sí, porque todos son diferentes.

No se le puede pedir a una patineta que tenga el mismo desempeño que una motocicleta.

Hay corredores experimentados que siguen bien las reglas de lograr el mejor desempeño del vehículo en el cual corren y a la vez disfrutar.

Los hay noveles que se esfuerzan con su vehículo poco potente por alcanzar a los que lo son más. O que descuidan las excelentes condiciones de su vehículo y se conforman simplemente con ir adelante, sin preocuparse por dar todo lo que pueden dar.

Hay quienes corren ciegos, con el único afán de llegar –son los unidimensionales- y hay quienes se dan permiso de enamorarse de tramos del camino y recorrerlos con morosidad, despaciosamente, con deleite.

Hay quienes ya recorren etapas avanzadas de la carrera sin que esta los hubiera transformado y hay quienes muestran en su madurez, sensibilidad, realismo, capacidad de disfrute, que han crecido a causa del recorrido.

Hay quienes tienen ansiedad por lo que falta y quienes sienten culpabilidad por el desempeño pasado.

Y hay quienes viven el aquí y el ahora y se dicen a sí mismos con satisfacción, ¡vamos por donde vamos!

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