Economía

Vida en la empresa

Álvaro Cedeño: Desfiladeros lingüísticos

Actualizado el 13 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Economía

Álvaro Cedeño: Desfiladeros lingüísticos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Dicen algunos que se puede atraer la mala suerte. Las palabras no son neutrales. Hay una energía que las acompaña. Diga un elogio o diga una ofensa y verá cuán distinto es el resultado. Los conceptos, que están detrás de las palabras, también tienen en torno a ellos campos energéticos. Evocamos el concepto ‘alegría’ y ocurre en nuestro interior algo muy distinto a lo que ocurre cuando evocamos el concepto ‘tristeza’. Los conceptos tienen un poder gravitacional. Atraen a otros conceptos. Por eso es tan difícil utilizar matices.

Un manejo económico del lenguaje y del pensamiento, conduce a que los juicios se orienten hacia blanco o hacia negro. Los grises, con sus diferentes tonalidades, no son tan económicos de utilizar. Utilizamos conceptos polares: las cosas son geniales o desastrosas. ¿Por qué con tanta frecuencia utilizamos sobre personas y resultados la palabra “desastre”? Algo nos hala desde esa palabra. También nos hala la palabra “genial” para designar algo que es moderadamente creativo.

Nos resulta difícil expresar lo que realmente pensamos. Para hacerlo, más o menos vamos tomando conceptos y elementos gramaticales, lo cual es cosa sencilla cuando por ejemplo decimos de memoria una definición, pero cuando queremos que nuestra expresión sea un experimento, o un ejercicio de delicado equilibrio, para expresar algo inédito, entonces sí que tenemos dificultades. Sobre todo si estamos hablando, porque cuando escribimos, siempre es posible corregir.

Tal vez Costa Rica era difícil o muy difícil de gobernar en los noventas pero surgió el término “ingobernabilidad” y continuamente caemos en ese diagnóstico en vez de meterles energía y pensamiento a otros diagnósticos más refinados y menos fatales. Es difícil discriminar entre las partes y entonces se opina con ligereza sobre el todo. Por ejemplo, cuando se dice que la educación costarricense está mal. Es válido imaginarse la educación formada por incontables núcleos, correspondientes a diferentes dimensiones. Hay educadores, programas, infraestructura, estudiantes, resultados, centros de enseñanza, familias, cultura, legislación, reglamentación, intereses creados, diferentes niveles. Entre esa miríada de núcleos, ¿están todos mal? Podría ser que sí, pero cuando hacemos juicios, no pensamos en los núcleos, entre los cuales, por pura ley de grandes números, ha de haber excelentes, buenos y malos.

PUBLICIDAD

Lo malo de la gravitación de los términos, que cual agujeros negros halan hacia sí todo lo que pasa por sus cercanías, es que una vez colocados ahí, por un fenómeno llamado anclaje, nos cuesta mucho salirnos para examinar lo apropiado del juicio.

Y cuando el juicio es negativo, eso nos quita la esperanza, condición necesaria para intentar. Y cuando dejamos de intentar, estamos listos.

  • Comparta este artículo
Economía

Álvaro Cedeño: Desfiladeros lingüísticos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota