18 marzo
Mi regreso a la vida real
Mi regreso a la vida real

Existe un principio en las finanzas conocido como la teoría de Harry Markowitz, Premio Nobel de Economía, que establece que para un grupo de activos o recursos, las variaciones de sus precios, que ocurren en un mismo momento, en forma independiente, en distintas proporciones y sentidos, se compensan unas a otras. Es decir, la variación total del conjunto es menor a las variaciones individuales de los precios de cada activo.

Nuestros abuelos eran sabios y este principio técnicamente complicado, lo traducían en cristiano en un lenguaje común que todos entendemos: no hay que poner todos los huevos en una sola canasta. Y los más desconfiados agregaban la coletilla: ...y asegúrese que no solo estén invertidos en huevos.

Fundamentados en esta tesis, es posible llevar este principio a otras actividades productivas más allá de las financieras. Por eso, quiero referirme a la situación actual del nuevo presidente de la nación más poderosa del mundo, Donald Trump.

En 1989, el mundo celebró en grande con el derrumbe o la caída del muro de Berlín que significó el fin de la Guerra Fría.

El 4 de noviembre del año pasado resurgen una serie de pensamientos superados sobre la promoción del nacionalismo, el proteccionismo, el clasismo y el retorno de puestos de trabajo con barreras al libre comercio, con independencia de los costos de producción comparativos.

En referencia a la alta concentración de nuestra canasta de huevos, en este caso exportaciones a un solo mercado, Eduardo Lizano, expresidente del Banco Central, decía de forma muy audaz: cuando Estados Unidos se resfría a nosotros nos da pulmonía.

Nuestra dependencia comercial (40% exportaciones), turística (47%) y de inversión extranjera (70%) del mercado de los Estados Unidos, ante la nueva filosofía de la administración “trumpista”, hace encender alarmas de acciones urgentes a nuestras autoridades y sector privado, para que fundamentados en el principio de la diversificación del profesor Markowitz, agresivamente se busquen nuevos mercados.

Asia representa solo el 4% de nuestras exportaciones, el 1% del turismo y el 0,02% de la inversión, América del Sur, a su vez, un 3%, 6% y 4%, respectivamente. Evidentemente, hay que volcar los ojos a esas nuevas oportunidades y, por eso, felicito y destaco que el pasado jueves se comunicó al país el permiso de exportar piña a China.

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