23 julio, 2014
Peatones cruzan la calle desde el desarrollo Hyde Park One, donde un apartamento se vendió por cerca de $240 millones, en Londres, 25 de septiembre 2012.
Peatones cruzan la calle desde el desarrollo Hyde Park One, donde un apartamento se vendió por cerca de $240 millones, en Londres, 25 de septiembre 2012.

NUEVA YORK

En España, donde había una crisis de deuda hace apenas dos años, los inversionistas están tan ansiosos de comprar los bonos del gobierno que recientemente aceptaron las tasas de interés más bajas desde 1789.

En Nueva York, la torre de oficinas art decó en One Wall Street se vendió en mayo por $585 millones, solo tres meses después de que el sentido común en la industria inmobiliaria indicaba que se vendería en algo así como 466 millones de dólares, la estimación en un folleto de pronósticos de la industria.

En Francia, una compañía de televisión por cable llamada Numericable recientemente pudo pedir prestados casi $11,000 millones, el mayor acuerdo de bonos chatarra registrado; y pese al riesgo regularmente asociado con los bonos chatarra, la tasa de interés fue de apenas 4.875%.

Burbuja del todo. Bienvenido al Auge de Todo; y, muy posiblemente, la Burbuja de Todo. En todo el mundo, casi toda clase de activos están caros para los estándares históricos. Las acciones y los bonos; los mercados emergentes y las economías avanzadas; las torres de oficinas urbanas y las tierras agrícolas estadounidenses; lo que se mencione está negociándose a precios que son altos para los estándares históricos en relación con los fundamentos. Lo inverso de eso son rendimientos relativamente bajos para los inversionistas.

El fenómeno está arraigado en dos fuerzas interrelacionadas. Mundialmente, se está apilando más dinero en ahorros de lo que las empresas creen pueden usar para hacer inversiones productivas. Al mismo tiempo, los principales bancos centrales del mundo han estado en una campaña de seis años de mantener bajas las tasas de interés y crear más dinero de la nada para tratar de estimular un crecimiento más fuerte después de la crisis financiera.

“Estamos en un mundo donde hay muy pocos activos inequívocamente baratos”, dijo Russ Koesterich, estratega de inversiones en jefe en BlackRock, una de las administradoras de activos más grande del mundo, que pasa sus días recorriendo el planeta en busca de potenciales oportunidades para que los inversionistas reciban un mejor rendimiento en relación con los riesgos que están corriendo. “Si me pide que le diga cuál es la mayor ganga que existe, no estoy seguro de que sea una”.

Pero aunque la situación puede ser frustrante para los inversionistas que esperan mejores rendimientos, el mayor interrogante para la economía mundial es lo que sucederá más adelante. ¿Cuánto tiempo durará ese ambiente de bajos rendimientos? ¿Y qué riesgos se están creando que pudieran detectarse solo si y cuando termine el Auge de Todo?

El origen. Los activos seguros, como los bonos de la Tesorería de Estados Unidos, han estado ofreciendo a los inversionistas rendimientos insignificantes durante años, desde la crisis financiera mundial. Lo que ha cambiado en los dos últimos años es que los activos riesgosos, como las acciones, los bonos chatarra, los bienes raíces y los bonos de mercados emergentes, también se han unido a la fiesta.

¿Quiere comprar acciones de compañías estadounidenses? Al nivel actual del índice Standard & Poor’s 500, cada dólar invertido en acciones compra alrededor de 5.5 centavos de dólar de ingresos corporativos; abajo de los 7.4 centavos hace dos años; y menos que justo antes de la crisis financiera mundial en 2007-08.

¿Prefiere un activo más sólido? El precio de los edificios de oficinas y departamentos se ha elevado de manera similar; el espacio de oficinas en distritos de negocios centrales en todo Estados Unidos cuestan 300 dólares por pie cuadrado (929 centímetros cuadrados) en promedio, por encima de los $147 a principios de 2010, según Real Capital Analytics. En Manhattan, por ejemplo, un inversionista en un edificio de oficinas puede esperar que los pagos de renta después de gastos representen un rendimiento de 4.4%, conocido como tasa de capitalización, menor que en 2007, el apogeo del último auge.

España y otros países del sur de Europa que fueron el meollo de la crisis de deuda europea no son los únicos lugares donde las tasas de bonos se han desplomado (incluso Grecia pudo emitir bonos a tasas favorables a principios de este año). Los mercados emergentes, que generalmente tienen tasas de interés más altas debido a una inflación más alta y menos estabilidad política, también están ofreciendo tasas de interés históricamente bajas. Los bonos emitidos por los gobiernos de Brasil y Malasia, por ejemplo, están redituando actualmente una tasa relativamente baja de alrededor de 4%.

Las altas valuaciones ahora no son tan extremas como las de las acciones en 2000 o las viviendas en 2006; más bien, lo que es nuevo es que aplica a una variedad tan amplia de activos. En 2000, cuando el mercado accionario estaba, visto en retrospectiva, en una burbuja especulativa, otros activos como los bonos, las inversiones en mercados emergentes y los bienes raíces parecían razonables.

El Auge de Todo conlleva riesgos económicos obvios. En el resultado más agradable, el crecimiento económico mundial repuntaría, causando que los activos costosos de hoy empezaran a parecer más razonablemente valuados. Pero otros resultados también son posibles, incluidos desplomes en uno o más mercados que pudieran crear nuevas repercusiones en una economía mundial aún no recuperada totalmente de la última crisis.

Hay dos razones principales detrás de este ambiente de bajos rendimientos, aunque la gente podría refutar cuál es la causa y cuál el efecto.

Los bancos centrales mundiales han estado en una campaña sin precedente de tratar de estimular el crecimiento a través de tasas de interés bajas y de la compra de activos con dinero de reciente creación. Si la Reserva Federal mantiene su meta de tasa de interés a corto plazo cerca de cero hasta el año próximo, como esperan la mayoría de los funcionarios del banco central, habrá mantenido la política de tasa de interés cero durante siete años.

La Fed tenía 900,000 millones de dólares en activos en agosto de 2008; ahora esa cifra es de 4.4 billones y está aumentando, y la tercera ronda de compra de activos debe expirar a finales de año. Los bancos centrales en Gran Bretaña, Japón y la zona dele uro han seguido políticas similares.

En una opinión extendida en los mercados de capital, los rendimientos bajos son un subproducto de esas tasas bajas. La Fed y otros bancos centrales han absorbido lo que equivale a billones de dólares de la oferta de inversiones globales, y los inversionistas privados están librando guerras de ofertas por lo que queda.

“Las tasas de interés son tan bajas”, dijo Peter J. Clare, un director administrativo y co-director del grupo de adquisiciones estadounidenses de la firma de capital privado Carlyle Group. “Hay pocos lugares atractivos más donde los inversionistas puedan dirigir su dinero, así que eso lleva al dinero de los inversionistas a los mercados de capital. Es simplemente la más básica de las ecuaciones de oferta y demanda: Cuando hay más demanda, se eleva el precio y se impulsan las valuaciones a donde están ahora”.

Pero aunque los bancos centrales pueden establecer la tasa de interés a corto plazo, a largo plazo las tasas reflejan un precio que empata a los ahorradores que quieren percibir un rendimiento sobre su efectivo y a las empresas y gobiernos que desean invertir esos ahorros; ya sea en nuevas fábricas o edificios de oficina o infraestructura.

En este sentido, los altos precios de los activos globales pudieran ser el resultado de un mundo en el cual simplemente hay demasiados ahorros flotando por ahí en relación con el deseo o capacidad de las empresas y otros de invertir esos ahorros productivamente. Es una reafirmación de un fenómeno que el ex presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke (entre otros) describió hace una década como un “exceso de ahorros globales”.

Pero llamarle así tampoco corrige las cosas. ¿Qué tal si el problema no son demasiados ahorros, sino una escasez de buenas oportunidades de inversión para desplegar esos ahorros? Por ejemplo, las empresas podrían sentir que los gastos de capital son poco sensatos porque no reditúan.

El propio Bernanke ha estado peleando con la posibilidad de que el marco original de un exceso de ahorros globales hizo que se invirtiera el problema.

“Quizá haya cometido un error al tratar de asignarle un nombre”, dijo Bernanke en una entrevista. "Un exceso significa más de lo que se desea. Pero no necesariamente surge porque la gente quiera ahorrar más. Puede ser porque invierten menos.

“Es totalmente posible que si se analiza el mundo, se tengan economías avanzadas de lento crecimiento, China recortando sus inversiones de capital, que la tasa de rendimiento simplemente va a ser baja”.

Si este análisis es correcto, los inversionistas tienen una opción desagradable: limitarse a rendimiento menores que la norma histórica, o perseguir inversiones oscuras que pudieran ofrecer uno o dos puntos porcentuales extra de rendimiento.