El país suramericano se quedó sin recursos para importar comida, medicinas y otros artículos necesarios

 9 febrero, 2015
Soldados se aseguran de que ningún consumidor viole el racionamiento impuesto por el Gobierno de Venezuela. | MERIDITH KOHUT/ THE NEW YORK TIMES
Soldados se aseguran de que ningún consumidor viole el racionamiento impuesto por el Gobierno de Venezuela. | MERIDITH KOHUT/ THE NEW YORK TIMES

Mary Noriega oyó que habría pollo.

Ella odiaba que la arrearan “como ganado”, dijo, parada durante horas en una fila de más de 1.500 personas con la esperanza de comprar comida, mientras soldados armados revisaban carnés de identidad para asegurarse de que nadie intentara comprar artículos básicos más de una o dos veces por semana.

Pero Noriega, asistente de laboratorio con tres hijos, dijo que no tenía alternativa, marcando el inventario en su vacío refrigerador; café y harina de maíz. La situación se había puesto tan mal, explicó, que había empezado a hacer trueque con los vecinos para poner comida sobre la mesa. “Siempre supimos que este año empezaría mal, pero creo que esto es supermalo”, destacó.

Los venezolanos han soportado escasez y largas filas durante años. Pero, a medida que ha caído el precio del petróleo, la principal exportación del país, la situación se ha vuelto tan funesta que el Gobierno ha enviado a efectivos militares a patrullar enormes filas que serpentean a lo largo de cuadras enteras. Algunos estados han impedido que la gente espere afuera de las tiendas por la noche, en tanto funcionarios gubernamentales están apostados cerca de entradas, listos para arrestar a quienes engañen al sistema de racionamiento.

Debido a que Venezuela depende mucho de las ventas del petróleo para comprar importaciones alimentarias, medicina y muchos otros aspectos básicos, la caída en los precios del hidrocarburo significa que hay incluso menos divisa dura para comprar lo que el país necesita.

Incluso antes de que los precios del crudo se desplomaran, Venezuela estaba en los estertores de una profunda recesión, con una de las tasas inflacionarias más altas del mundo y escasez crónica de artículos básicos.

Uno de los hospitales públicos más prestigiosos de la nación cerró su unidad de cirugía del corazón durante semanas, debido a la escasez de instrumental médico. Algunos fármacos no han sido reabastecidos durante meses; los pañales son tan codiciados que algunos compradores llevan las actas de nacimiento de sus hijos por si se las exigen en las tiendas; además, cuando menos una clínica practicaba operaciones de corazón solo metiendo de contrabando un fármaco vital que traía de Estados Unidos.

Ahora, los economistas pronostican que las carencias se volverán, incluso, más agudas y la inflación, de por sí en 64%, subirá más. El precio del petróleo venezolano cayó, este mes, a $38 por barril, con respecto a $96 en setiembre.

“Las cosas van a ser incluso peores porque el petróleo mantiene a Venezuela en marcha”, dijo Luis Castro, enfermero de 42 años de edad, parado en una fila con cientos de personas más en una tienda de abarrotes. Había llegado con su hijo de seis años de edad y su esposa, a las 6 a.m., pero, para las 11:30 a.m., aún no entraban. “Nos estamos acostumbrando a formarnos”, dijo, “y cuando te acostumbras a algo, te dan solo migajas”.

La falta de productos e inflación presentan otra ronda de desafíos políticos para el presidente Nicolás Maduro, quien ha jurado continuar con la revolución de inspiración socialista que empezó el carismático Hugo Chávez.

“Yo siempre he sido chavista”, dijo Noriega. Pero, “el otro día, encontré una camiseta de Chávez que tenía guardada, y la arrojé al piso y le di de pisotones, y después la usé para limpiar el suelo. Estaba furioso. No sé si esto es o no su culpa, pero él murió y nos dejó aquí, y las cosas han ido de mal en peor”.

Venezuela tiene las mayores reservas estimadas de petróleo en el mundo y, cuando los precios del crudo estaban altos, las exportaciones petroleras representaban más del 95% de sus ingresos de divisa dura. Chávez usó las riquezas petroleras para financiar el gasto social, como mayores pensiones y tiendas de abarrotes subsidiadas. Ahora, ese ingreso ya fue abatido.

“Si la situación está tan mal ahora, realmente no puedo imaginar como estará en febrero o marzo”, cuando los actuales precios del petróleo “se materialicen en términos de flujo de efectivo”, dijo Francisco J. Monaldi, catedrático de política de energía en la Facultad de Gobierno Kennedy, en Harvard.

Maduro pasó 14 días consecutivos de enero viajando por el mundo, en un esfuerzo por cortejar la inversión y persuadir a otras naciones productoras de crudo de que reduzcan la producción y presionen para que el precio suba de nuevo.

“Tenemos serias dificultades económicas con respecto a los ingresos del país”, dijo Maduro a la legislatura en su mensaje anual, que tuvo que ser programado para más adelante debido al viaje. “Pero Dios siempre estará con nosotros. Dios siempre proveerá. Y nosotros recibiremos, y hemos recibido, los recursos para mantener el ritmo del país”.

Tras meses de jugar con la idea tabú, en términos políticos, de subir el precio de la gasolina vendida en las bombas en su país, la más barata del mundo, dijo que finalmente había llegado el momento de hacerlo.

Además, reiteró su posición de que los males económicos del país son responsabilidad de una guerra económica que enemigos de la derecha están librando en contra de su gobierno.

Muchos economistas argumentan que las políticas gubernamentales son gran parte del problema, incluyendo una divisa sobrevaluada, controles de precios que disuaden a fabricantes y agricultores, aunado a restricciones gubernamentales sobre el acceso a dólares que han conducido a una marcada caída en las importaciones.

Algunos inversionistas temen que Venezuela incumpla sus pagos a miles de millones de dólares en bonos, pero Maduro ha dicho que el país pagará sus deudas.

Típicamente, en un año electoral como el presente, cuando los electores elegirán una nueva legislatura, el Gobierno colma a partidarios de bienes, como refrigeradores y lavadoras de ropa, u otros beneficios, como vivienda sin costo. Sin embargo, ahora pudiera no haber suficiente dinero para importar aparatos electrodomésticos y materiales para la construcción.

En algunas entrevistas, algunos compradores no dijeron que estuvieran pasando hambre. Más bien, muchos dijeron que la crisis económica significaba comer sardinas enlatadas en vez de pollo, o comida hervida en vez de frita, pues resulta muy difícil conseguir aceite vegetal. Muchos dijeron que comían carne con menos frecuencia porque esta escaseaba o era demasiado cara. Puede ser más difícil encontrar el pescado fresco, dijeron pescadores, porque ellos consideran que es más lucrativo usar sus botes para vender diésel subsidiado de Venezuela en el mercado negro en un encuentro en altamar, en vez de arrastrar una captura.

Pero los medios sociales en Venezuela están llenos de peticiones urgentes de pacientes que intentan encontrar medicina de prescripción. Ana Guanipa, de 75 años de edad, empleada, ya retirada, de una oficina de gobierno, dijo que ella había buscado su medicina para la hipertensión en numerosas farmacias.