Por: Patricia Leitón 15 febrero, 2016

Dos familias son muestra de los esfuerzos que realizan muchos jóvenes y padres para pagar la educación privada.

Andrés Castro (primer plano) y su hermano Luis Carlos, vecinos de La Florida de Tibás, trabajan para pagar su educación. | DIANA MÉNDEZ
Andrés Castro (primer plano) y su hermano Luis Carlos, vecinos de La Florida de Tibás, trabajan para pagar su educación. | DIANA MÉNDEZ

Una es la experiencia de Luis Carlos y Andrés Castro, dos hermanos de 27 y 25 años, que, como muchos jóvenes, trabajan para pagarse la universidad.

Vecino de la Florida de Tibás, Luis Carlos estudia telemática en la Universidad Latina y trabaja para una empresa de servicios dado que domina el inglés y el portugués.

Su hermano, Andrés, labora para una entidad financiera y estudia administración de negocios en la Universidad Hispanoamericana.

Ambos cursaron la educación básica en centros públicos.

“Por lo general llevo dos materias por cuatrimestre por trabajo y precios. Para darle un ejemplo, un cuatrimestre en el 2012 me costaba ¢300.000 dos materias, ahora este cuatrimestre, que acabo de pagar, me costó ¢450.000 dos materias, imagínese llevar el bloque completo”, explicó Luis Carlos.

“Tengo mi salario base y gano mi comisión, ahí más que todo lo fuerte es la comisión, entonces uno todos los días la pulsea para poder sacar la comisión y de ahí me pago la universidad, cuando puedo pago al contado y sino lo hago con tres letras de cambio”, contó Andrés.

El estudio del investigador Juan Diego Trejos para el Informe Estado de la Educación encontró que en el 2013 la mayoría de los universitarios (un 53%) asisten a centros privados.

Cambio de condiciones. Otra experiencia fue la de doña Roxana Solís, vecina de Tres Ríos, en La Unión de Cartago.

Ella y su esposo decidieron matricular a su hijo en una escuela privada en Cartago. No obstante, su esposo sufrió un infarto y quedó incapacitado cuando su hijo estaba en cuarto grado.

“Yo me fui a trabajar e hice un gran esfuerzo por mantener a mi hijo ahí, pues ya no quería salir”, comentó Solís.

Ella dedicaba un 85% de su salario a pagar la escuela. Solicitó ayuda, pero la respuesta fue que el centro no daba ayuda social.

Doña Roxana logró que su hijo terminara la primaria en ese centro educativo y tuvo “la bendición”, como ella dice, de que le dieran una beca deportiva en el Colegio Científico Bilingüe, que también es particular, pero que ahora no tiene que pagar.

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