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Comparación de lo que ofrecen Lonley Planet y la web para recorrer Hungría

Las guías versus Internet a la hora de planear un viaje

Actualizado el 05 de enero de 2014 a las 04:36 pm

Si bien la red es una cocina totalmente surtida, las guías son las barras energéticas, que contienen todos los nutrientes que se necesitan en un práctico paquete.

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Las guías versus Internet a la hora de planear un viaje

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The New York Times.

Hace poco le pregunté a mi amigo Doug si todavía utiliza guías para planear sus viajes fuera de Estados Unidos. Es un tipo inteligente y viajero veterano, así es que me imaginé que tendría una razón ponderada en un sentido o en otro. No es así.

“Es probable que no utilice las guías porque, esencialmente, ya se me olvidó que existen”, dijo.

Supongo que Doug no es el único. Las ventas de la guías para viajes internacionales en Estados Unidos bajaron 42% desde el 2006, según el anuario Nielsen BookScan Travel Publishing Yearbook. Apuesto a que muchas personas cambiaron su planeación de viajes a la red. Y sospecho que algunos de los que todavía utilizan las guías piensan que desperdician dinero en algo que pueden encontrar gratis en Internet.

¿Es así? Decidí hacer un experimento: compraría una guía nuevecita, luego trataría de replicar o mejorar lo que encontrara gratis en el caótico botín en la web. Compré y leí la mayor parte de la guía para Hungría de Lonely Planet (la escogí porque Lonely Planet es popular entre los lectores de Frugal Traveler y no sabía nada sobre Hungría) y luego me puse a trabajar.

Plaza del Mercado Central, en Budapest. En lonleyplanet.com encontré una sección sobre la historia del país, información práctica, detalles como transportación al aeropuerto en Budapest y muchas más listas de hoteles, restaurantes y atracciones que las del libro.
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Plaza del Mercado Central, en Budapest. En lonleyplanet.com encontré una sección sobre la historia del país, información práctica, detalles como transportación al aeropuerto en Budapest y muchas más listas de hoteles, restaurantes y atracciones que las del libro. (Andrew Testa/The New York Times, 2006.)

Mi primera parada fue LonelyPlanet.com, donde me sorprendió algo encontrar que la mayor parte del contenido por el que pagué $24.99 era gratuito en línea: una sección sobre la historia del país, información práctica, detalles como transportación al aeropuerto en Budapest y muchas más listas de hoteles, restaurantes y atracciones que las del libro.

No obstante, faltan unas cuantas cosas importantes. No estaban las docenas de mapas indexados de ciudades, pueblos y barrios. Tampoco estaban las sugerencias de itinerarios. No había un glosario de frases útiles en húngaro. Y, aunque el sitio está bien para encontrar algo específico, era más complicado buscar en él y captar el ambiente del país. Y el formato dificulta copiar, pegar e imprimir para armar una guía hecha en casa, y hacerlo consume mucho tiempo. No obstante. La robusta presentación en la red de Lonely Planet no se puede aplicar a todas las editoriales que publican guías; por ejemplo, Rough Guides ofrece contenido limitado en línea. Así es que también probé el enfoque “à la carte”.

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Para el alojamiento, la primera parada obvia fue TripAdvisor.com, que remplaza a una lista seleccionada de reseñas sobre guías, escritas firmemente, con todo tipo de evaluaciones de los usuarios, solo controlables, en parte, con herramientas que filtran y clasifican resultados por precio, disponibilidad, ubicación, tipo de reseñista y más. Booking.com y Hotels.com también dependen de las reseñas de los clientes. ¿Es un sustituto válido? Sí lo es, para muchos. Aun si se prefieren las selecciones filtradas, hay sitios gratuitos como HotelGuru.com, que tiene reseñas con las que contribuyen los propios escritores o se entresacan de guías y artículos. (Claro, al igual que con los vuelos, la información más actualizada sobre precios de hoteles está en la red.)

Para obtener información de turismo, encontré opciones sin fin, y sólo rasqué la superficie. Revisé el sitio web oficial sobre turismo en Hungría, Gotohungary.com, que tiene buenas ideas, aunque limitadas, pero carece de información práctica, como los precios. Mi siguiente parada fue Wikivoyage.org, la que opera la Fundación Wikimedia y es lo que más se acerca en formato a una guía en línea. Tiene bastantes ideas para visitar Hungría, aunque la extensión y la calidad de las descripciones son erráticas, la redacción es sosa y, de nuevo, escasea la información práctica.

También chequé las reseñas de los usuarios en Gogobot.com, el que permite ver clasificaciones que hacen personas en “tribus” como la tuya: viajeros ahorradores, “quienes establecen tendencias”, “buscadores espirituales” y cosas así. No está mal.

"Las guías ofrecen información que es posible que a usted nunca se le ocurra buscar en Internet".

Sin embargo, para mí, el sitio que más se acercó a replicar la experiencia de una guía, con todo y el empleo de la potencia de Internet, es Stay.com. Las atracciones turísticas y las actividades (hoteles y restaurantes) están separadas por categorías, y hay guías que seleccionaron los editores y usuarios del sitio, así como expertos locales. Lo mejor de todo es que se puede cliquear para agregar cualquier entrada a la propia “guía de la ciudad”; el resultado es un itinerario personalizado que se puede descargar al teléfono celular y usar sin acumular datos en el aparato.

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Podría sonar a que la red estaba liquidando a mi guía, pero no tan rápido. Literalmente: no es tan rápido. Marcar la guía llevó varias horas y llegó a un final evidente. Sin embargo, podría haber escudriñado estos sitios por siempre. Para algunas personas, eso está bien. Sin embargo, la selección puede paralizar. Para quienes quieren decisiones ya tomadas, gana una marca de guías en la que se confíe.

El marcador estuvo más o menos empatado en otras áreas. No obstante, encontré  formas en las que una guía supera a la red, casi todas las veces:

Primera, las guías ofrecen información que es posible que a usted nunca se le ocurra buscar en Internet. En el libro sobre Hungría, me encontré una sección sobre las estafas comunes a turistas en Budapest, y un artículo sobre la población judía en esa ciudad, cosas que nunca habría pensado en buscar por cuenta propia.

Finalmente, la simple conveniencia. Una guía tiene todo en un solo lugar, no se le acaban las pilas, ni queda fuera de alcance, ni usa datos internacionales, y es poco probable que un ladrón se la arrebate de la mano. Y, para los viajeros poco frecuentes, no tiene una pronunciada curva de aprendizaje.

Si bien la red es una cocina totalmente surtida, las guías son las barras energéticas, que contienen todos los nutrientes que se necesitan en un práctico paquete. Claro que hay una trampa: por $25 dólares, hablamos de una barra energética muy cara. 

© 2014 New York Times News Service

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