Por: Álvaro Cedeño 5 mayo, 2015

En la educación formal, nos plantean preguntas las cuales tienen respuesta. Tome un problema de álgebra. Por más complicado que sea el enunciado, se sabe que tiene respuesta. Lo que hay que hacer es escoger la estrategia de búsqueda adecuada.

Médicos y detectives, en cambio, buscan algo que saben existe pero no saben qué es.

Son problemas del tipo de ¿Quién es el culpable?

En el caso del médico, una vez que se tiene al culpable, hay que ver cómo eliminarlo. El detective tiene que ver cómo conseguir que sea condenado.

En la escuela de negocios un caso es una descripción compleja que no pide una respuesta, sino que adoptemos ante el asunto una posición compleja con muchos elementos.

En la vida de las empresas ocurren circunstancias –amenazas u oportunidades– y hay que formular un plan de acción. Si no se hace nada, la situación podría desmejorarse: o la amenaza se materializa, o la oportunidad se pierde. A la arquitecta no le planteamos problemas. Le planteamos deseos; necesidades que se satisfacen mediante la creación. De lo que ella haga, depende el grado de logro o satisfacción que tengamos con respecto a la necesidad.

Un problema es una situación de desequilibrio, de falta de armonía. Algo tiene una brecha y hay que cerrarla. Pero imaginemos esta situación: presas de autos en la ciudad. Estación lluviosa larga y copiosa. Ciudad no plana. Personas que hacen desplazamientos promedio largos. Si alguien se pone a pensar en cómo adaptar la bicicleta a esta situación, no está ante una pregunta. Ni ante un problema. Está ante un desafío de diseño.

Algunos desafíos necesitan respuestas. Otros, soluciones. Y otros, diseño. Responder es reaccionar. Solucionar es analizar la situación, producir opciones, evaluarlas y escoger alguna. Diseñar es mirar el contexto, conocer ampliamente la necesidad, crear, imaginar, someter a prueba las ideas, verificar ajustes y desajustes, corregir las ideas. Diseñar es la actividad humana donde confluyen la experiencia, el conocimiento de la realidad, sus limitaciones y complejidades y una amplia dosis de destrezas de cerebro derecho, sin duda más relacionadas con la poesía que con la lógica.