Por: Álvaro Cedeño 14 septiembre, 2015

La patria la construimos. Es una creación cultural. Desde luego formalizada constitucional y jurídicamente. Pero, cada uno de nosotros, ¿cómo podemos contribuir a profundizar esa vivencia de patria?

Primero la ciudadanía responsable. Cuanto más nos independicemos de pasiones, prejuicios, caprichos a la hora de asumir posiciones en cuanto a los asuntos públicos, mejor contribuimos. Cuando el compromiso afectivo y moral de los habitantes es más intenso con el partido que con el bien común, mal anda el ejercicio del patriotismo.

Ese país, que ya estaba aquí cuando llegamos y seguirá aquí cuando nos marchemos, está inmerso en una realidad temporal. El cortoplacismo de los habitantes puede perjudicar su sostenibilidad. Por eso, la disciplina de preguntarnos qué es lo que más conviene al país en el largo plazo, es una forma responsable de ser ciudadano.

El concepto de democracia nos puede llevar a pensar que todos podemos aportar tanto como los demás, lo cual viola el principio de realidad. Hay ciudadanos que, por formación, por vocación o por inspiración, tienen mayores posibilidades de aportar sobre lo que más conviene al país.

Hay que sobreponerse al igualitarismo y cultivar la posibilidad de apoyar, abrir espacio, incitar, a quienes más pueden aportar para que lo hagan. Las ideas de Alfredo González Flores, Mauro Fernández, Omar Dengo, Rafael Ángel Calderón Guardia, don Pepe Figueres, eran ideas de minorías. Sin apoyo, espacio, incitación, hubieran quedado inéditas.

Los países pueden sufrir postraciones si sus habitantes los miran desde la perspectiva negativa. No se trata de ser insanamente optimistas, pero sí de ser suficientemente objetivos como para valorar los rasgos positivos, potentes, que el país tiene, por sí y en comparación con otros.

Finalmente está el cumplimiento esmerado de la responsabilidad de cada uno. El obrero menos especializado no tiene derecho a exigirle esmero al ministro si él no atiende su responsabilidad con el mejor de sus esfuerzos. Todos hallamos oportunidades de hacer un país más sostenible, más productivo y más feliz, tanto desde la función de juez de una corte suprema como de pasajero del próximo autobús.