Por: Álvaro Cedeño 26 mayo, 2015

Toda comunicación eficaz nos cambia. El objeto de la comunicación no es intercambiar mensajes. El objeto de la comunicación es llegar a ponerse en los zapatos del otro. Comprender por qué dice lo que dice, cree lo que cree, vive como vive. Rogers (Carl) decía que el riesgo que hay en una buena comunicación es resultar modificado; Freud (Sigmund) pensaba que el analizado resultaba modificado por el analista. Y que este también resultaba modificado por aquel.

Sin embargo, esto no ocurre solo por medio de los mensajes verbales. Los otros mensajes, los que recibimos sin ser articulados, por el hecho de interactuar con los demás, también nos cambian. Por eso, trabajar en equipo resulta una aventura tan compleja. En un equipo de trabajo las interacciones no solo son entre díadas, sino entre tríadas y tétradas. Diviértase calculando el número de posibles interacciones en un grupo. Y por eso, la aventura, además de compleja, es desafiante y rica. Por eso muchos prefieren trabajar apegados al dicho de que el buey solo, bien se lame.

Diversidad para el cambio. No solo el trabajo en equipo nos modifica. Podría modificarnos, simplemente, el cruzarnos por la calle con alguien. Si no fuera de esa forma, entonces ¿cómo es que las modas se transforman en fenómenos virales?

Si eso es así, cuanta mayor diversidad haya en el entorno en el cual vivimos, mayor cantidad de ocasiones o impulsos para el cambio tendremos. En la aldea aislada, homogénea, conocida, llana, sin peraltes, la probabilidad de cambio es menor. Posiblemente, un día en Manhattan, desata más energía de cambio que un lustro en la aldea.

Ese deseo que sentimos a veces de que todos sean como somos, sin que nos demos cuenta, constituye la eutanasia del cambio. De manera que esos comportamientos singulares que vemos a nuestro alrededor, ya nos complazcan o nos contraríen, son oportunidades de cambio, las cuales, debidamente procesadas, contribuirían a nuestro crecimiento.

Tal vez esa sea la razón por la cual la escuela o la empresa nos transforman de una manera tan radical. Y tal vez explicitar y aprovechar deliberadamente este fenómeno produciría resultados inesperados.