Por: Álvaro Cedeño 7 diciembre, 2015

La Academia Nacional de Medicina ha realizado, este año, varios eventos, con el fin de despertar conciencia sobre la necesidad de mejorar la educación médica.

El último evento fue de alto contenido. Se le denominó Futuro de la formación médica en Costa Rica y, a través de las variadas y sólidas exposiciones, mostró la responsabilidad, rigor intelectual e inclinación a la acción, que durante décadas ha caracterizado al cuerpo médico costarricense.

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La autoevaluación pública de una profesión que, como la Medicina, ha sido protagonista en el logro de duplicar en un siglo la esperanza de vida de la población, es un hecho inédito en Costa Rica.

La confianza en la profesión es un prerrequisito de la influencia técnica que los médicos y otros trabajadores de la salud han de tener en la comunidad, ya que contribuyen al mejoramiento de la salud, por medio de investigaciones, prescripciones y buenas prácticas higiénicas recomendadas a sus pacientes.

El Comité Lancet ya planteó en 2010 una serie de lineamientos para promover un cambio en la educación médica, fundado en las siguientes disconformidades detectadas: desajuste de las competencias con las necesidades del paciente y de la población; deficiencias del trabajo en equipo; enfoque técnico estrecho; encuentros episódicos con el paciente en vez de cuidado continuo; orientación hospitalaria en perjuicio de la atención primaria; desajustes cualitativos y cuantitativos en el mercado de trabajo profesional; y débil liderazgo para la mejora de los resultados del sistema de salud.

Para ello, propone reformar la educación médica según dos orientaciones básicas: primero, la promoción del aprendizaje transformativo, que va más allá del informativo y del formativo y aspira a producir agentes de cambio. Y segundo, la interdependencia educativa entre todas las carreras que tienen que ver con la salud, ya que esta es el resultado del trabajo en equipo.

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Para el país, este empeño de la Academia es una oportunidad de hacer una reforma sistémica, que constituya otra revolución, como la que implicó la instauración de la seguridad social en los tempranos cuarenta. Para ello, se cuenta con los recursos intelectuales, con la sostenibilidad jurídica y con una historia nacional de avances audaces.