Por: Álvaro Cedeño 19 octubre, 2015

Cuando los niños tenían una de esas tareas que no sabían por dónde empezar, algunas madres les decían el refrán de “comer y rascar, todo es empezar”.

Nos sentamos a comer sin hambre y, sin embargo, terminamos comiendo.

Y en lo de rascar, ¡cómo pensamos en las purrujas cuando en la playa empezamos a rascarnos!

Algún automatismo semejante opera cuando tenemos que realizar una actividad muy compleja.

Al inicio, no sabemos por dónde empezar.

Y planeamos, quizá queriendo sustituir la acción ignorada con el planeamiento que nos es familiar.

Y nos olvidamos de que el movimiento se demuestra andando.

Lo mismo ocurre cuando se investiga.

El investigador policial parte de unos indicios desintegrados, algunos contradictorios, algunos irrelevantes.

Igual sucede con el investigador científico.

Al inicio, cualquier investigación que valga la pena tiene un telón de fondo que dice “ esto no hay forma de resolverlo” .

Dar un primer paso ante el conflicto, o la investigación o el desarrollo de un plan, es como ganar perspectiva.

Cuando lo damos, cambia el panorama; se ve más lejos, se entra en contacto con nuevas posibilidades.

Según se avanza en la ejecución, se van encontrando oportunidades de acción.

También se vuelven evidentes las necesidades de modificación que no se vislumbraban un paso antes porque la realidad es dinámica.

Peters y Waterman recomiendan que, en algunos desafíos de acción, no hay que seguir el orden de preparar las armas, apuntar y hacer fuego, sino que conviene hacer fuego antes de preparar las armas.

Hay que planear, pero empezar a recorrer el camino lo más pronto.

Esto es cierto de una visita al supermercado con una lista de compras.

O de la conducción de una reunión con algún propósito deliberado. No sabemos lo que irá surgiendo.

Si estamos pesimistas, podríamos pensar de preferencia en lo que podría salir mal y nunca en las sinergias favorables.

Pero la realidad es que, iniciada la acción, vamos a ir encontrando tanto dificultades como oportunidades.

El pensamiento es útil para la acción. No obstante, cuando intenta sustituir a la acción, el resultado es la parálisis.

Hay una diferencia abismal entre un conocimiento y una competencia.